Encuentro de amor con el actuar de Dios en Cap-de-la-Madeleine, Québec,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007-08-18 – Parte 1

 

La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo : El Señor me habló en el quinto misterio del rosario, y repitió de nuevo lo que me dice a cada vez: “No es tu encuentro, es mi encuentro; abandónate; tú no tienes nada que decir, tú tienes que escuchar y repetir.”

Desde el 2001 que escucho al Señor en mi interior y, por la omnipotencia del Espíritu Santo, repito lo que él dice en mi interior.

¡El Señor es todo amor! ¡El Señor tiene tantas gracias a concedernos! ¡El Señor dio su Vida por nosotros! Él quiere tocar todos los corazones.

Él ha tocado nuestro corazón entre los que estamos aquí; él ha tocado con su dedo nuestro corazón y esto nos ha estremecido hasta querer dejar todo, dejar este mundo: dejar este mundo materialista, dejar este mundo hábil de sus propios conocimientos.

Él nos ha mostrado cuán importantes éramos para su Padre; Jesús siempre tiene hambre.

Desde que vino a la tierra para hablar a sus apóstoles, hablarnos, nos ha hablado del amor de su Padre y continúa a hablarnos del amor de su Padre porque nosotros hemos venido a la tierra por él, hemos venido a la tierra para ir hacia Dios Padre; es la única razón por la que estamos aquí.

Hemos venido para ir, ir hacia él, ir hacia el que nos ha elegido, el que nos ha dado la vida, el que ha creado todo lo que hay a nuestro alrededor.

¡Dios Padre es tanto amor! No hay palabra que conozcamos para describir el amor que él tiene por nosotros.

Ustedes saben, Dios Padre está amoroso de él; es tan amoroso de él que ha salido de élmismo este amor y lo ha puesto ante él; ¡ah! él ha puesto en primer lugar a su Hijo: él recibió su cuerpo.

Hemos sabido últimamente que sólo hay un cuerpo que existe en la tierra: es el Cuerpo del Hijo de Dios hecho hombre; no hay dos, hay uno sólo, y nosotros venimos de este Cuerpo.

Adán recibió cuerpo porque el Hijo tenía Cuerpo, no podía haber un ser que tuviera cuerpo antes del Hijo: esto fue imposible.

La materia pertenece a Dios; nosotros estamos hechos de materia, estamos hechos de átomos; ¿no es lo que los sabios dicen de nosotros? Jesús es la Materia, Jesús es todo lo que hay del átomo.

Venimos del Cuerpo Inmortal, Jesús es el Cuerpo Inmortal.

 

Cuando Adán recibió el soplo de la vida, él estaba, antes de recibir la vida espiritual, compuesto de materia; recibió de Dios todo lo que le era necesario para ser hombre; recibió del primero: del Hijo de Dios hecho Hombre.

 

Cuando los ángeles, sobre todo Satanás, cuando vio al Hijo de Dios hecho Hombre, no quiso adorarlo, entonces, ellos lo vieron antes que Adán; entonces, Adán recibió el cuerpo porque el Hijo tenía Cuerpo.

Entonces, nosotros venimos todos del cuerpo, del Cuerpo Inmortal, de Dios hecho Hombre, entonces imagínense ustedes que nos vemos, vemos lo que pertenece al Cuerpo del Hijo de Dios hecho Hombre.

Comprendan por qué Jesús en la tierra nos dijo: “Ámense los unos con los otros, ámenme, amen el cuerpo que ustedes ven, es mi Cuerpo, amen lo que mi Padre quiso para ustedes, él los ama.”

Aún ahora él dice la misma cosa; nos pide de amarnos los unos con los otros, nos pide de amar a nuestros enemigos, y ahora es más fácil de comprender.

 

Amar a sus enemigos, es amar a nuestro propio cuerpo, pues cuando veo al Sr. Baril, veo mi cuerpo, cuando veo a Mónica veo a mi cuerpo; mi cuerpo forma parte del cuerpo de ustedes y el cuerpo de ustedes forma parte de mi cuerpo: todos somos hermanos y hermanas, todos tenemos la misma materia.

Jesús nos habla así porque prepara su mundo de amor; él quiere que nos reconozcamos tal como somos; todos somos iguales, todos estamos hechos para amar.

Es difícil de comprender hoy en día todo esto con las ideas de este mundo.

He aquí por qué desde el 2001 Jesús, en mi interior dice: “Tú no eres más de este mundo, tú no perteneces más que a mí, te he tomado para que puedas probar a la Divina Voluntad; haré de ti un instrumento de amor y tú no escucharás más que a mí.”

Dios quiere hacer la misma cosa por cada uno de nosotros, y ya ha comenzado; muchos entre nosotros hemos renunciado a nuestra voluntad humana para dejarnos sumergir en la Divina Voluntad.

Es la Divina Voluntad que nos ha elegido; la Divina Voluntad ha hecho de nosotros hijos obedientes a todo lo que es del Cielo.

Miramos con nuestros ojos este mundo en el que vivimos, vemos a todos los que andan alrededor nuestro y vemos nuestro cuerpo andar: aprendemos a amarlos tal como son, aprendemos a ser verdaderos hacia lo que somos.

Más vemos a las gentes que andan en la calle, más aprendemos a amarnos; más aprendemos a no juzgar y más aprendemos a amarnos; más aprendemos a ayudarles por la oración, más aprendemos a amarnos.

Aprendemos a descubrir nuestro corazón, a nuestro corazón que se ha entregado al Corazón Inmaculado de María para que ella pueda hacernos entrar en el Sagrado Corazón de Jesús.

Hemos salido de ese Corazón, porque a causa del pecado hemos entrado en la voluntad humana; hemos entrado en nuestros propios pensamientos, nuestra propia escucha, nuestras palabras, nuestra mirada, nuestros gestos, nuestros sentimientos; hemos tomado posesión de lo que es el Cuerpo de Jesús y hemos tomado posesión de todo eso.

Hemos vivido con nuestro yo, nos hemos vuelto ídolos, ídolos de los que nos escuchan y nos hemos vuelto dioses de los que nos miran.

También hemos aceptado a los ídolos, hemos aceptado a los dioses; damos por adquirido que lo que es dicho por un amigo, un hermano, una hermana, y que viene de su voluntad humana es sagrado, es importante, tan importante que pasamos sus palabras antes que nuestras propias palabras, sus pensamientos antes que nuestros propios pensamientos; lo que oímos, le ponemos un cuidado tan grande que nuestra escucha ya no nos pertenece, es de ellos, entonces, hacemos lo que ellos nos piden; nuestros sentimientos están completamente cambiados que ya no son nuestros sentimientos, son los sentimientos de los que hemos escuchado y hemos escuchado tanto en nuestra vida.

Desde el seno de nuestra mamá, hemos escuchado sonidos y hemos tomado todo eso en nuestro interior: los hemos escondido, pero, envejeciendo, lo que estaba escondido venía a la superficie y tomaba una importancia ante lo que nosotros oímos del exterior de nosotros; entonces, estábamos a la escucha de lo que no nos pertenecía.

Dios nos habla de los ídolos.

Mucho, en este tiempo, nos quiere hacer comprender que hemos hecho de nuestra vida una vida entre las manos de la voluntad humana.

La voluntad humana ha sido tan manipulada por Satanás y los demonios que ya no nos pertenece: ella no escucha más que a Satanás y los demonios, nos vuelve desdichados, nos vuelve incapaces de amar a nuestro Dios con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas, nuestro espíritu, con todo nuestro corazón, porque nuestro espíritu es de este mundo, nuestro espíritu es de este mundo; nuestras palabras ya no son nuestras palabras, son las palabras de este mundo que está bajo el poder de Satanás y nosotros utilizamos estas palabras.

Todo lo que nos hemos vuelto se ha vuelto impropio para nosotros mismos.

Pero Jesús está lleno de amor, Jesús está lleno de ternura; si él hace hablar a las personas como yo que soy imperfecta, que he caído en el mal y que me ha tomado para ser su instrumento para este tiempo, es porque él nos ama.

Él hace de cada uno de nosotros profetas para que podamos ayudar a los que están en la calle, a los que ya no quieren salir de sus casas porque tienen la escucha, la mirada, el corazón en la televisión, en esas pantallas diabólicas.

La televisión podría haber servido a los hijos de Dios, podría haber sido para nosotros un instrumento de amor que nos hace conocer a nuestros hermanos y a nuestras hermanas amados de Dios, a nuestros hermanos y a nuestras hermanas no queriendo adorar sino que a Dios.

Traten de mirar su televisión y ¡descubran eso! Todo lo que hacemos es destruir el amor del prójimo; si destruimos el amor del prójimo, destruimos a Jesús de amor, destruimos lo que somos: el cuerpo que hemos recibido de Dios; destruimos el cuerpo mismo de nuestro Jesús de amor.

Este instrumento no nos ha servido, este instrumento ha estado contra nosotros, y continúa a estar contra nosotros.

Pero Jesús, viene a hablar directamente en los corazones; él lo hace, se sirve de nosotros en este mismo momento; en este mismo momento es lo que hace: él les da las gracias, él los transforma, porque en un segundo hay transformación.

Porque estas palabras son del Espíritu Santo, no son de nosotros mismos, pertenecen al Cielo, y los que llevamos con nosotros reciben gracias como nosotros recibimos; ellos también se dejan transformar.

Jesús está transformando los corazones, él transforma este mundo.

Nosotros que hemos seguido a Jesús, hemos leído desde hace muchos años los mensajes que vienen de los místicos, esperamos este suceso: el regreso de Cristo.

Pues bien, el regreso de Cristo ¡está en nosotros! Jesús está en nuestro corazón; por el poder del Espíritu Santo, escuchamos la Voluntad de Dios, por el poder del Espíritu Santo, nos unimos para formar una Igle­sia, la Iglesia de Jesús, y Jesús cura, Jesús libera.

Jesús está transformando este mundo en el interior y no al exterior; porque el exterior está podrido, el exterior ya no quiere hablar de Dios en Canadá y en algunos países.

Pero Jesús, continúa siempre a alimentarnos de su Cuerpo y de su Sangre; nosotros somos el cuerpo de Jesús y él continúa; mientras haya un cuerpo de pie, Jesús alimentará el cuerpo que le pertenece.

El cuerpo no nos pertenece, no tenemos derecho alguno sobre nuestro cuerpo; ¡ah, nosotros nos hemos dado derechos sobre nuestro cuerpo!

Nosotros no le hemos pedido permiso al Cuerpo Inmortal si eso era bueno hacer tal o cual acción, de decir tal o cual palabra, de escuchar tal o cual lenguaje; no hemos hecho eso, hemos creído que el cuerpo era para nosotros un medio de vivir en esta tierra como nos parezca mejor.

Hemos sido jóvenes, hemos jugado, hemos estudiado, hemos trabajado, hemos visto nuestro cuerpo: lo hemos visto bello, menos bello, hemos querido mejorarlo, hemos querido mantenerlo en buena forma, pero nuestro cuerpo no nos ha escuchado siempre y no nos escuchará tampoco, porque nuestro cuerpo sabe que le pertenece a Dios, pero a causa de nuestra voluntad humana el cuerpo escucha el mal, ya no quiere escuchar más al Cuerpo Inmortal, a aprendido a ser orgulloso, vanidoso, envidioso.

¿Cómo es posible que un cuerpo pueda estar vivo? ¿Tendrá él un poder sobre nosotros? ¿Puede pensar, puede reaccionar? El cuerpo es materia, él no puede ser obediente al menos que tenga vida; luego, nuestro cuerpo toma la esencia de la vida en el instante en que él recibe la vida espiritual: el alma; allí hay movimiento, allí el vive.

Todo lo que es movimiento está vivo; luego, nuestro cuerpo está vivo, es por eso que es flexible: hay la elasticidad, esa es la razón por la cual puede fácilmente estar en sus movimientos.

La materia pertenece a la vida, ella pertenece a lo que somos por la Vida de Dios, pero nosotros hemos con­sentido a que él escuche al mal, que se entregue al mal.

Entonces, él ha estado tan habituado a todo eso desde Adán; el cuerpo ha estado en un movimiento, ha estado en un movimiento de desobediencia.

Por nuestro bautismo hemos recibido la luz, por el bautismo hemos recibido la gracia de comprender el amor de Dios, de entregarnos a Dios, pero a causa de la voluntad humana, nuestro cuerpo ha estado siempre en ese recuerdo: él se recuerda; él está sujeto al pecado, por lo que sucumbe continuamente, él es des­obediente, no obedece.

Cuando vamos a la confesión y que decimos: “Ya no quiero mentir, ya no quiero juzgar, pido perdón, oh Dios haz derramar tu Preciosa Sangre en mí”, luego, cuando salimos, estamos aún en el pecado, conocemos la mentira, continuamos a juzgar porque él desobedece, desobedece a las gracias.

Nosotros queremos que él obedezca a las gracias, pero nuestro pensamiento siempre está dudando: él duda de las gracias, le falta fe; es difícil de hacer callar nuestro pensamiento, ¿no es cierto? Es lo más difícil que hay: “Cállate, sé obediente. He pedido en mi oración que mi hijo se cure y, a causa de este cuerpo, no paro de pensar: ¡Ah! tal vez no se curará!; ¡ah! yo veo. ¡Ah! tal vez se ha curado. ¡Ah! no, mira, aún tiene la fiebre”!

Nuestro pensamiento no cesa de mantenernos en una falta de fe, debemos hacerlo callar; nuestro pensa­miento: “Cállate y obedece. Tú, cuerpo, sé obediente al Cuerpo Inmortal, tú no te perteneces, perteneces al Cuerpo Inmortal, cállate, obedece”.

Es esto lo que Dios quiere enseñarnos: debemos pedirle a nuestro cuerpo que se calle, de ser obediente.

¿Cómo quieren ser curados si el cuerpo es desobediente? Jesús nos dice: “Ustedes están curados, hijos míos.”

Cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre en la comunión, recibimos el Cuerpo, el Cuerpo Inmortal de Jesús, recibimos la Sangre Inmortal de Jesús, y salimos de allí aún enfermos.

Acabamos de pedir una curación por nuestra artritis, nuestro dolor de cabeza, nuestro cáncer, la diabetes; vamos al médico a pasar los exámenes, y aún lo tenemos ; ¿Jesús, no nos ha curado? Sí, Jesús nos ha concedido las gracias, pero nuestro cuerpo está siempre allí que no quiere creer.

Cuando Jesús curaba, él decía: “Tu fe te ha curado”; ¿por qué nosotros no estamos curados? Recibimos el Cuerpo de Jesús y recibimos la Sangre de Jesús, ¡es importante! Deberíamos estar curados, nuestro cuerpo prueba su Cuerpo, nuestra sangre prueba su Sangre.

Nuestro cuerpo no nos pertenece, le pertenece a Cristo; nuestra sangre no nos pertenece, le pertenece a Cristo, entonces deben obedecerle a Cristo, pero a causa de nuestros pensamientos, a causa de nuestra duda, nuestro cuerpo se mantiene en la desobediencia; entonces Dios nos habla para esclarecernos.

Dios dice que si nos comportamos como hijos de Dios no deseando más que a Dios, amar a Dios con toda nuestra alma, no querer más que a Dios en nuestra vida, rechazar todo lo que es de este mundo, no querer sino que ser todo para Dios, no seguir el espíritu de este mundo, sino que tener confianza a todo lo que es espiritual, ser verdaderos, perseverar, estar en la esperanza, tener esta fuerza de avanzar no obstante todo lo que vemos al exterior; nuestra fuerza no es exterior, ella es interior, ella viene de Dios; ella es tan poderosa que nada puede estremecer la fuerza que viene de Dios hasta ser capaces de morir martirizados por amor a Dios: he aquí la fuerza que nos habita.

Estar en el corazón mismo de la Iglesia, no ser frágiles y dejar estremecer nuestro corazón porque hay un terremoto, porque hay una epidemia, porque hay algunas bacterias, porque nuestra agua está contaminada por las algas azules: nosotros debemos conservar nuestra paz.

Nosotros debemos tener el corazón en el buen lugar, estar listos a ir en el corazón mismo de la Iglesia y rezar, entregarse completamente a Jesús: la Iglesia, batir al ritmo de la Iglesia, dejar circular en nuestras venas el amor de Cristo, este amor de Cristo por su Iglesia.

Ese es nuestro corazón, allí está el amor, es lo que Dios nos pide; cuando amamos de esta manera, somos capaces de renunciar a nuestros ídolos.

Jesús dijo, y muchos lo saben, que estamos rodeados de ídolos, nuestras casas están llenas de ídolos; nos vemos y lo que vemos es un dios lleno de bellos colores, muy bien decorado con bonitas joyas a la última moda.

Dios nos dice: “Ustedes son hijos de amor, los he vestido con mis más bellos colores , les he dado la belleza del amor, todo lo que es mío les pertenece.

Cuando andan en esta tierra, ustedes andan entre las creaciones de mi Padre; hago de ustedes hijos de la luz que brillan en estos tiempos de tinieblas; no busquen a brillar en este mundo, este mundo no es más que maldad, no tiene el olor del Cielo, tiene la hediondez de sus pecados.

A ustedes los envuelvo con el manto de mi Madre: los olores de rosas suben hasta el Cielo porque son ustedes que perfuman con la presencia misma de mi Madre. Ustedes son mis hijos de la Luz, ustedes son mis amores.

Esto es lo que Dios habla en estos tiempos, Dios coloca ante nosotros muchas verdades.

Nos ha hablado de un tiempo en que los demonios han jugueteado con los animales, donde los animales han ido hacia los humanos teniendo como forma lo que parecía un hombre para engañar, y la mujer se dejó tomar por esta trampa y el hombre se dejó tomar por esta trampa porque la mujer fue una trampa.

Cuando la mujer se acostó con estos animales, dejó penetrar en ella un mal, un mal tan grande, tan impuro que todo lo que había de niña desapareció: la hija de Dios.

Estas mujeres fueron las primeras en ser habitadas por Satanás, por los demonios.

He aquí el pecado que ha hecho que estas mujeres han estado más bajas que las bestias; nada en este mundo puede describir sus bajezas, porque ellas se comportaban como ingratas; no se puede decir aún que ellas se comportaban como los animales, pues ellas estaban más bajo que los animales.

Y estas mujeres fueron testigos de la presencia misma de los demonios y lo aceptaron; ellas fueron hacia los hombres y los hombres hacia esas mujeres, y estos hombres consintieron en estar en relación con el mal y el mal se dejaba ver en ellos.

Estas mujeres fueron la trampa de estos hombres y estos hombres fueron habitados por los demonios, y estos hombres y estas mujeres procrearon hijos del mal y esto se propagó, se propagó, se propagó, y Dios dijo: “El hombre no merece mi amor.”

Solamente Noé y su familia fueron salvados del diluvio, pero la astucia de Satanás va más allá de los humanos, porque entre los descendientes de Noé había un ser, un ser que estaba impuro, habitado por el mal.

¿Cómo podemos nosotros mantenernos rectos? Somos tan débiles y Satanás tan astuto; somos tan ciegos y Satanás tan perverso.

María es necesaria, es necesaria nuestra Madre de amor, ella es la única que nos protege de los ataques de Satanás, ella es la única que nos envuelve con su manto de amor, ella nos mantiene en la vestidura de Cristo para protegernos contra el orgullo.

Cuando se le puso en la espalda de Jesús un manto de burla, este manto significaba a alguien que estaba loco, bobo, sin importancia alguna; Jesús aceptó todo eso porque era humilde.

Jesús, en la tierra, fue un hombre humilde; no se vestía con ropas ricas, llenas de piedras, él fue simple, su ropa estaba llena de fuerza, llena de amor.

La mano de María había estado en ese manto y ella lo vistió con su manto del amor porque es el poder del Espíritu Santo que lo quería, es el poder el Espíritu Santo que guiaba a María para que siempre ella esté en la Voluntad del Padre.

Comprendan, María puso la vestidura de su Hijo en nosotros, ella nos ha envuelto en esa vestidura, y ella nos mantiene en su hombro y nos cubre con su chal para que estemos protegidos.

Es un movimiento que nos hace avanzar, no tenemos miedo de descubrir en nosotros el orgullo; en el momento que descubrimos que nos servimos de nuestra voluntad, la entregamos inmediatamente: “No la quiero, es tuya esta voluntad, Jesús, quiero vivir en tu Divina Voluntad, no en mi voluntad, tu Voluntad Jesús, ve cómo soy humilde”, y allí, nos sentimos envueltos de este manto hecho de humildad.

Se dan cuenta. no hay que quitarse eso.

Entonces, vamos a tomar un pequeño tiempo, si ustedes lo quieren así, nos vamos a levantar y vamos a ofrecer a Jesús la oración que él enseñó a sus apóstoles y ella irá directamente, por medio de Jesús, a su Padre: es el “Padre Nuestro”.

“Padre Nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. Dadnos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.”

Gracias.

Ya son las dos y diez minutos, entonces, si ustedes lo quieren hace una hora con el rosario, entonces tomemos quince minutos de pausa. Gracias.