Encuentro de amor con el actuar de Dios en Cap-de-la-Madeleine, Québec,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007-08-18 – Parte 3 (Preguntas y respuestas)


P. Me gustaría, que Jesús nos diga, que nos aclare más en cuanto a las piedras de nacimiento.

¿Qué es exactamente, cómo diferenciarlas, por favor?

R. La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo:

Hemos hablado, más bien hemos oído hablar y hemos hablado de las piedras de nacimiento desde hace un tiempo.

Todo se inició en Prévost cuando él comenzó a hablarnos de Satanás, del ángel caído; después hemos oído hablar en Saint-Étienne de Bolton, de los ángeles caí­dos, de ciencias ocultas, de las piedras de nacimiento.

Las piedras de nacimiento forman parte de nuestras vidas, no porque Dios lo quiere; las piedras de nacimiento forman parte de nuestras vidas porque Satanás lo quiere.

Ustedes recuerdan hace poco, yo no puedo recordarme quién habló, si es la Santa Virgen o si es el Espíritu Santo, al principio, pero hubo preguntas por las perso­nas, sobre los animales que estuvieron poseídos por los demonios, luego los animales con las mujeres.

Entonces, lo que sucedió, que nosotros supimos, por el poder del Espíritu Santo, que un hombre, un hombre se entregó al diablo, y el diablo le prometió poder, prosperidad, le prometió que nunca lo olvidarían, que estaría, aun más, inscrito en las estrellas: prometió todo poder.

Entonces, él se dejó instruir por Satanás y, en lo que él aprendió, aprendió a dar nombres, nombres a las piedras, a los dioses y aún más a detallar a qué deberían servir.

Entonces, todo eso se propagó de generación en generación, y de generación en generación eso se ha conservado en el cuerpo.

Se recuerda todo eso y se sabe que, en nuestras familias, se recibieron piedras de nacimiento o de aretes en que había una piedra de nacimiento incrustada.

Entonces, el Señor vino a hablarnos, diciéndonos el peligro que había de portar esas piedras, de ofrecer esas piedras, de conservarlas.

Cuando estuvimos en Estados Unidos, tuvimos una enseñanza y creo que es Mamá María; aún allí, no me recuerdo muy bien; ella nos dijo también que esas pie­dras eran portadoras de enfermedades, nos traían dudas, la inseguridad, los miedos; eso nos conserva en los movimientos contra nosotros mismos, contra nuestro prójimo.

Las piedras de nacimiento tienen colores, están relacionadas a una ciencia que nos muestra: “Bueno, tú has nacido en tal fecha, esa fecha significa que tu pie­dra de nacimiento es de tal color, y que aún esa piedra de nacimiento es bueno de servirse de ella, que podría aportarte lo bueno, puede protegerte contra tal enfer­medad, puede sanarte si la portas contigo”, esto no es de Dios.

Cuando aprendemos una cosa que puede aportarnos sea una curación, pero que viene de la piedra: eso no viene de Dios, eso viene de la piedra: eso no porta gra­cias; entonces, caemos en la trampa de Satanás.

Cuando ustedes han comprado una piedra, ¿les han dicho que eso venía de la gracia de Dios? Cuando han usado esas piedras, piedras pequeñitas en sus aritos, ¿es que eso las ha llevado a descubrir que pertenecen a la familia de Dios? ¿Las ha llevado a entregarse a Dios? ¿las ha llevado a descubrir la presencia del amor de su hermano por ustedes? ¿les ha dado el amor en sus vidas para que puedan darlo a los otros sin esperar que los otros se los regresen? Esto nos ha alejado de Dios.

Le hemos dado la importancia a una piedra, no importando su color, no importando la clase de piedra que hemos recibido, a causa de que ella lleva el nombre de ‘piedra de nacimiento’, pues bien, eso no da ninguna gracia, eso nos ha alejado de la verdad.

Nosotros somos hechos de amor, somos hechos de gracias, procedemos del Cuerpo de Jesús.

La creación de Dios porta gracias; es verdad, hay pie­dras en la tierra que vienen de Dios, ellas están allí y están en nuestras vidas como la manzana está en nuestras vidas.

¿Le hemos dado una importancia a la manzana? Es una fruta, la comemos: “Gracias Señor, te doy gracias Señor, tú me alimentas porque eso viene de ti y yo sé que tú te ocupas de mí; tú haces llover, es una gracia porque hoy puedo comer este fruto, está vivo.”

Entonces, la piedra de nacimiento, no podemos decir lo mismo de la piedra de nacimiento, se ha vuelto orgullo, la hemos usado en nuestro dedo, la hemos lle­vado alrededor del cuello, la hemos usado alrededor nuestro, no alrededor nuestro, pero en las orejas; eso nos ha vuelto orgullosas, eso ha hecho de nosotros seres dependientes.

Ustedes saben que hace algunos años se le daba poder a esas piedras, y se decía: “Nos vamos a curar si usamos tal piedra, vamos a tener tal empleo si usamos tal piedra, esto me va a dar suerte”.

Esto está contra Dios, solamente Dios conoce el futuro, solamente Dios nos da las gracias, solamente Dios nos puede curar, solamente Dios se ocupa de nosotros, solamente Dios es la Bondad, solamente Dios es Amor, que es la Ternura, la Dulzura, la Verdad, la Luz, el Camino y la Vida, no esas piedras.

Hemos tenido confianza en eso que está muerto y hemos dado tanta importancia a lo que está muerto que se ha vuelto vivo para nosotros, y lo que se ha vuelto vivo para nosotros, no aporta ninguna gracia, se ha vuelto para nosotros algo que nos ha manipulado.

Son las piedras que nos han manipulado porque las piedras tenían el poder de Satanás; entonces, Satanás nos ha manipulado: ¡es el Anticristo!

Vivimos en un tiempo tan fuerte en ciencias ocultas a nuestro alrededor que rodea a la tierra; es una negrura tan espesa que si vemos esta negrura, no podríamos aún pasar nuestra mano, tampoco; pero por las gracias, por el poder de María, por la humildad, pasamos.

La luz rechaza a las tinieblas, no tenemos que temer a nada.

Entonces, no tengamos miedo cuando descubrimos en nuestro cotidiano una piedra: “¡Ups!, había olvidado eso, esa piedra que está en mi gaveta”, la tomo, me deshago de ella; no la regalo, no la doy a los otros porque es malo, la destruyo y voy a buscar las gracias, voy a buscar las gracias, las gracias en la misa, voy a buscar las gracias en los sacramentos, el sacramento de la Penitencia.

¿Creen ustedes que es por casualidad que ya no vamos a la confesión? Tenemos miedo de ir a la confesión.

No, no es casualidad, son las consecuencias de nuestra fe en esas falsedades, eso nos ha alejado de los sacramentos.

No tenemos ni siquiera confianza en nuestro sacramento de Matrimonio; tenemos a nuestro esposo, nuestra esposa, entonces debemos servirnos de las gracias del sacramento del Matrimonio para reforzar nuestra unión; el hombre y la mujer forman uno por las gracias del sacramento del Matrimonio, luego debemos tener fe es eso.

Si hemos perdido la fe en las gracias de los sacramen­tos, pues bien, es porque hay a nuestro alrededor mucha impureza, la magia negra; es la magia negra.

Se dan cuenta, si nos hubieran dicho: “Es la magia negra”, ah, no hubiera tocado eso una piedra de nacimiento, no hubiera usado plantillas energéticas, no hubiera tocado eso; habría sido la magia negra; pero ahora somos muy finos, utilizamos otras palabras, utilizamos palabras de la energía: ¡Eh! necesito energía positiva, negativa, y la positiva: el plexo solar”, eso es cultura; y eso nos lleva a ¿dónde? A alguna parte seguramente.

Sí, eso nos lleva a alguna parte, ¿nos lleva a dónde? A nuestro mal destino, a nuestro mal camino.

Entonces, debemos de escuchar las enseñanzas del Señor, están llenas de luz.

Nos dejamos alimentar en estos tiempos.

Entonces, ¿estás bien Maryse?

R. Sí, gracias Jesús.

R. La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo: Sí, gracias Señor, gracias Espíritu Santo.

P. Yo quiero preguntar, quiero hablar a Mamá María personalmente.

Quiero decirle a Mamá María perdón porque he sido un loro toda mi vida, y tengo una de mis hermanas en mi familia que hoy está herida; dicen que sufre de enfermedad mental y yo sé que no es eso, sino que sufre de ataques de Satanás.

Y yo también he repetido, porque he oído decir muchas veces: “Mamá María no puede haber tenido hijos como nosotros, los humanos, no eso no se puede, es inconcebible que ella haya tenido un hijo como...” pues yo era una hija que escuchaba a los adultos, yo repetía, y ahora bien, pido perdón a Mamá María de haber repetido, de haber hecho el papel de loro y pido la ayuda a Mamá para mí y para una hermana.

R. Muchas enfermedades vinieron a este mundo porque hemos creído en lo que decíamos y lo que decía­mos venía de lo que escuchábamos.

Lo que los otros han repetido, es lo que han escuchado y lo que han escuchado es lo que ellos han oído.

¿A dónde ir? Vayan al Corazón de María porque nos va a decir: “Cálmate, permanece en paz, ama al ser que eres, ama a los que han caído en la trampa, déjate envolver con el manto del Amor, ten confianza en mi Hijo.”

Estos tiempos son tiempos de revelaciones, estos tiempos son tiempos de luz, estos tiempos son tiempos en que aprendemos: aprendemos que no siempre hemos sido buenos, aprendemos que no hemos seguido los diez mandamientos de Dios tal como Dios quería que los siguiéramos, aprendemos que no hemos vivido el Evangelio, no hemos muerto en Jesús, no sabemos cómo morir en Jesús.

Ahora, aprendemos, aprendemos tranquilamente lo que es ser y no ser: no estar en mí, ya no estar en nuestra voluntad, no ser alguien importante, no estar en el pellejo del que dice ser capaz de comprender y de ver cuando él no es más que cuerpo: un cuerpo debe de aprender a callarse.

Entonces, dejemos todo el lugar al que nos ha dado su Vida.

Cuando hay un sacerdote, hay Cristo Sacerdote, ya no hay el humano, hay Cristo Sacerdote; entonces, unámonos a Cristo.

Cuando él pasará, el Cristo Sacerdote, cerca de noso­tros para ir al Altar, peguémonos a su alba; queremos estar unidos a su humanidad que murió en Cristo.

Entonces, ya no seremos nosotros, no más, lo que somos humanamente; seremos la pequeña luz que quiere unirse a todas las otras luces para asistir al milagro más grande: la Presencia misma de la Luz ante nosotros ante nuestros ojos.

El Invisible va a dejarse ver por nuestra vida humana. ¡Aleluya!

Todos: ¡Aleluya! Gracias, Señor.