Encuentro de amor con el actuar de Dios en Chertsey, Quebec,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007-01-20 – Parte 1

 

Dios Padre: A mis hijos, lo que hacen esta noche es por su Dios.

Dios está con ustedes, Él les concede su presencia para que todos estén presentes con sus hermanos y hermanas del mundo entero.

Cada uno de ustedes, ha sido elegido para ser el canal, para llevar la alegría a sus hermanos y hermanas; permanezcan pequeños ante la actuación de Dios, porque Dios es bueno con cada uno de ustedes.

Yo soy El que soy, yo soy El que será: soy Yo El Eterno; por mi omnipotencia, los hago comprender mi Voluntad: la de estar a mi escucha.

Estos tiempos son tiempos de luz para aquellos que quieren ver su vida interior; estos tiempos son los tiempos en que cada uno de ustedes tiene que anunciar a los otros.

He escogido este momento de amor para dar, dar la luz a los que quieran ver, a los que quieran escuchar la Voluntad de Dios.

La Voluntad de Dios es de hacerlos vivir la eternidad en el Reino de Dios, allí en donde todo no es más que esplendor, allí en donde la alegría no se detiene.

La felicidad, es de estar cerca de vuestro Padre.

Yo les he dado la vida para que puedan comprender el amor del Padre; yo les he dado mi Hijo para atraerlos hacia mí.

Cada uno de ustedes está allí porque yo lo quise; cada uno de ustedes está allí, porque ustedes son míos.

Si hoy ustedes se entregan por sus hermanos y hermanas, es porque yo les he dado las gracias de abandono, gracias de luz, de alegría, de amor; cuando ustedes tienen esas gracias, viven una paz sin final, ustedes se entregan por sus hermanos y hermanas.

Mis hijos de amor, cada movimiento viene de Dios, cada movimiento es por Dios, cada movimiento es para dar; si ustedes entregan lo mejor que tienen a sus hermanos y hermanas, ellos lo reconocen, ellos saben que ustedes se entregan por ellos porque lo comprenden: ellos comprenden sus acciones de amor.

Aunque estos hijos se encuentren en el sufrimiento, reconocen lo que es bueno, reconocen cuando ustedes quieren entregarse por ellos, cuando quieren olvidarse de ustedes mismos por ellos.

Cuando hablo de olvidarse de sí mismos, hijos míos, hablo de olvidarse de sí mismos por ellos, no de desaparecer, sino de hacer acciones de amor, acciones que conllevan gracias.

Cada hijo debe entregarse para poder cumplir la Voluntad de Dios; yo di a mi Hijo, luego es a ustedes de dar su vida.

La vida de ustedes es la Vida de mi Hijo, porque cuando hacen lo que es bueno a los ojos de Dios, ya no son ustedes, ustedes son el Cristo, ustedes son el Amor, el Amor que se entregó para que todo sea eterno.

¡Ah hijos de mi Voluntad, sean todo amor!; estos instantes son instantes de luz, estos instantes son instantes por los que aprenden a entregarse aún más profundamente en su interior.

Cada uno de ustedes, está ante la presencia de sus hermanos y hermanas del mundo entero; ustedes son la Iglesia, ustedes son amor, mi amor.

 

Les pido, hijos míos, que tomen en consideración todo lo que entra al interior de ustedes por mi Voluntad: mis gracias.

Una buena comida, hijos míos, tomada en grupo se transforma en una fiesta; una oración dicha en grupo se vuelve un movimiento que salva al mundo: no lo duden.

Puesto que no han dudado que una comida tomada en grupo se vuelve una fiesta, no duden que una oración dicha en grupo salva al mundo: ¿la oración no es acaso más poderosa que su comida?

Les pido, hijos míos, de ser continuamente luz por ustedes mismos, para ser luz para sus hermanos y sus hermanas del mundo entero: crean en lo que viven, entonces todo se volverá gracia para ustedes.

Yo les doy amor, hijos míos, para ustedes mismos; les doy los medios de curación; ustedes están frente a sus sufrimientos, yo los coloco ante su curación.

La fe: creer, creer en lo que ustedes son por medio de mi Hijo.

Les doy estos movimientos porque soy yo que lo quiero, porque soy yo que los he elegido, porque es el momento en que ya no deben ser ustedes, sino ser mi Hijo, mi Bienamado en quien yo he puesto todas mis complacencias.

Este mundo tiene necesidad de ponerlo a prueba para que él pueda reconocerse hijo de Dios; este mundo tiene necesidad de ser puesto en la verdad para que él esté ante la luz; este mundo tiene necesidad de estar ante los hechos que se cumplen para que reconozca la acción de Dios.

Nada va a ser descuidado y nada ha sido descuidado, y nada se descuida, pues esa es mi Voluntad.

Yo respeto sus decisiones, hijos míos; yo les digo que mis elecciones no son más que amor, que luz: es mi justicia.

Cada decisión de Dios es eterna, los conduce allí en donde deben de estar: en la mano de Dios.

Porque ustedes se entregan, porque ustedes quieren ser un movimiento de amor para con sus hermanos y hermanas, Dios les da. Dios no detiene su movimiento de amor.

Es por eso que ustedes están aquí y yo me sirvo de ustedes para hablar a mis hijos para decirles cuánto los amo, cuánto los quiero en la obediencia, cuánto quiero atraer a los otros hijos que rechazan reconocerse hijos de Dios, que rechazan de reconocer mi actuar cerca de ellos, que rechazan reconocer que son bautizados, que rechazan reconocer que son la Iglesia.

Sí, ustedes están allí porque yo lo quiero.

Cada movimiento es un movimiento que los conduce hacia la eternidad con sus hermanos y hermanas del mundo entero.

Ustedes que saben ahora que viven su purificación y que están actualmente viviendo momentos únicos de amor, ustedes que saben todo eso, les doy mucho, pero también les pido.

Les pido mucho porque sé que ahora ustedes me dan su sí de amor: sí por sus hermanos, sí por sus hermanas, sí por los que no creen, sí por los que dudan, sí por los que esperan.

Todos aquellos que viven en los sufrimientos tienen necesidad de la esperanza; ustedes son sus esperanzas.

Sin que ellos se den cuenta de que ustedes están cerca de ellos para ayudarles, viven esto en su interior; ellos no comprenden lo que les pasa, pero sienten que hay una esperanza no obstante la maldad alrededor de ellos, no obstante un mundo egoísta, no obstante un mundo sin fe, no obstante un mundo ateo.

Sí, la mayor parte del mundo de hoy tiene la dificultad de creer, pero la mayor parte de los hijos que, en su interior, guardan la esperanza están al presente.

Hijos míos, ¿cómo comprender que yo hablo de hijos ateos y de hijos de esperanza? Simplemente porque estos hijos han renunciado a los sacrificios, han renunciado a vivir su cruz.

Estos hijos han visto un mundo de facilidad, estos hijos han visto un mundo de placer, un mundo material, un mundo de ciencia, un mundo de poder, un mundo ignorante sobre el amor de Dios Padre.

Les pido, hijos míos, estar atentos a sus necesidades; son grandes sus necesidades: sus necesidades son de amor, son de compartir, son de caridad, son de dulzura, de humildad, de ternura, de paciencia, de tolerancia; estas necesidades están en ustedes y esto los conduce hacia el amor de su prójimo.

Ustedes han aceptado de vivir su purificación, asociados a todos los que no saben que viven el principio de su purificación.

Vengo para decirles, hijos míos, que muy pronto cada uno estará en su purificación.

Sí, hijos míos, El Espíritu Santo vendrá para todos los hijos del mundo para hacerlos entrar en su interior; el Espíritu Santo será muy pronto como un soplo que viene a difundirse sobre toda la superficie de la tierra, y la superficie de la tierra será testigo de la actuación y de la Voluntad de Dios Padre: nada podrá detener este movimiento de amor.

He preparado este tiempo, hijos míos; este tiempo está más cerca de lo que ustedes se lo pueden imaginar.

Este tiempo es, para algunos, lejos y al mismo tiempo, para otros, muy cerca; ellos están confundidos entre la realidad y lo que saben: su vida espiritual, su vida interior, las revelaciones.

Ellos ven este mundo y gritan hacia Dios; ven sus vidas y esperan a Dios; ellos se callan, meditan y saben; ellos saben que muy pronto estarán en ellos, y que esto está cerca.

Estos movimientos están en ellos porque hay el movimiento del amor de Dios, hay el movimiento del amor del prójimo, movimiento de la Iglesia, movimiento que ha sido dicho por Dios, profetizado por los elegidos de Dios y evangelizados por la Iglesia.

También hay el movimiento de la voluntad, voluntad humana que sufre en su propia carne, voluntad humana que quiere pero que tiene miedo, voluntad humana que analiza pero que no comprende lo que analiza, voluntad humana que quiere y al mismo tiempo huye por miedo.

Hay un movimiento: movimiento de esplendor, movimiento infinito que deja ver la luz y que hace penetrar todo ser en su interior para experimentar el amor de Dios, movimiento que no es más que belleza, más que esplendor, realidad del alma.

Comprenden, hijos míos, estos movimientos están presentes, están alrededor de ustedes, en ustedes.

No hay sino Dios que puede hacerles ver, comprender su Voluntad; no hay más que mi Voluntad que los puede hacer avanzar en lo que ustedes son, con lo que ustedes son y por lo que ustedes deben ser, para que estén, ustedes también, en un movimiento de cumplimiento.

Ustedes se preparan, en cada uno de ustedes, a vivir este movimiento que Dios les ha anunciado; ustedes están en este momento, en cada uno de ustedes, abriendo los pasajes a los hijos que viven en la oscuridad: ustedes ponen una lámpara bien encendida que brilla en esta oscuridad; a lo lejos, se ve una luz y ellos avanzan: ellos avanzan, guiados por esta luz.

Hijos de amor, vean alrededor de ustedes, hay la oscuridad y sin embargo ustedes están en la luz; ustedes saben que Dios está allí, ustedes saben que la Madre del Hijo de Dios está allí.

Ella está cerca de ustedes, ella les muestra su presencia, ella les habla con palabras de amor: tal es mi Voluntad; ella les demuestra que Satanás no puede detenerlos en su movimiento de amor: el de guiar los pasos de sus hermanos y hermanas con esa pequeña lámpara que se encuentra encendida en el interior de ustedes; ella está alimentada por la oración, ella deja entrever este movimiento de purificación.

Les pido, hijos míos, de mostrarse muy pequeños ante la grandeza de lo que pasa en el interior de ustedes.

Les pido, hijos míos, de estar allí como seres sencillos entre ustedes, para que sus palabras no sean más que alimento para los que tienen necesidad de ser alimentados por la gracia de Dios.

Les pido, hijos míos, de estar en un movimiento de bondad, de sabiduría, para que la luz refleje sus rayos de amor, y los que estén en esos rayos de amor sean arrullados por la fe.

Es solamente en el interior de ellos que este rayo puede alcanzar la barrera que se han construido, porque todo lo que ha hecho este mundo, es construir barreras, y ellos han aceptado eso en su interior.

Comprenden hijos míos, estos rayos pasarán allí en donde ellos se han construido las barreras de incertidum­bres, de miedos, de falta de amor, de juicios, de egoísmos, de odios, de faltas de perdón, lo que apaga su fe.

Solamente los rayos de la luz de Dios podrán atravesar esas barreras para alcanzar sus vidas espirituales, lo que alimentará su interior de gracias de Dios, y sus sí al Amor saldrá de ellos para ir a sus labios.

Hijos de mi felicidad, sean todo amor, porque lo que ustedes son en este mismo momento es una felicidad para el Cielo; ustedes llevan a todos aquellos que han pronunciado sus sí al Amor.

Ustedes no están solos aquí, hijos míos; aunque el número es poco, el número de aquellos que, por ustedes están aquí, es muy grande.

Yo los amo, hijos míos.

Todo esto se hace por medio de la fe, todo esto se realiza por la presencia de María, mi Hija bienamada, la Inmaculada pura, María; ella está ante ustedes, ella tiene su mirada en ustedes, ella los conoce, hijos míos.

El Cielo les ha concedido su presencia y cada uno de ustedes tiene la mirada en la Voluntad de Dios Padre.

Ah hijos de mi felicidad, alégrense por lo que ven; Dios les concede este momento de amor y él lo imprime en el interior de ustedes, y donde quiera que ustedes vayan, hijos míos, la Madre de Dios les recordará de su presencia al lado de ella.

Hijos de mi Voluntad, sean todo amor.

Yo los amo.

 

La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo: Dios nos ha hablado esta noche, Dios, El Padre Eterno.

 

Él nos concede este momento de amor, para que nosotros estemos reunidos con todos aquellos que siem­pre han estado con nosotros.

 

En cualquier parte donde Dios me ha enviado, se han tenido miradas de amor, de corazones que se han unido para formar un corazón; como esta noche, nosotros formamos un corazón para nuestros hermanos y hermanas del mundo entero, para que el amor sea nuestro alimento, para que el amor sea el alimento de ellos no obstante todo lo que pasa en el exterior.

A pesar de todo lo que podemos escuchar y que nos llega, a pesar de que no vemos la televisión, que no escuchamos la radio y que no leemos los periódicos, no obstante todo eso, vienen a nosotros los sufrimientos que este mundo vive: es la consecuencia del pecado.

Ahora todos sabemos que los pecados han estado ante nosotros, porque Satanás ha suscitado acontecimientos para hacernos pecar, y sabemos también que nuestras decisiones, nuestras malas elecciones, nos han hecho hijos del sufrimiento, porque hemos aceptado el pecado: hemos debido vivir la consecuencia de cada pecado.

 

Ahora que sabemos que eso está en nuestra vida, hemos aprendido por las enseñanzas de Jesús, de María, del Espíritu Santo, de Dios Padre, cómo entregar todo eso a Jesús, porque Dios Padre habla de entregarnos a su Hijo.

Jesús, el mismo, Hijo de Dios Padre, nos habla porque Él quiere que le entreguemos todo, absolutamente todo.

El Espíritu Santo nos habla para hacernos comprender cómo entregar todo al Hijo de Dios.

Mamá María estudia cada uno de nosotros con paciencia, con delicadeza; ella nos toma de la mano para que entreguemos todo lo que nos hace sufrir a su Hijo.

 

Esto se vuelve para nosotros algo importante en nuestras vidas, tan importante que los momentos que vivimos no son sino que entregas de amor: “Te entrego todo, Señor, te entrego cada pensamiento, cada movimiento.”

Todo lo que recordamos al interior de nosotros y que nos hace ver que hemos sufrido, a causa de lo que hemos aceptado, se vuelven momentos de donación

Ahora agradecemos al Cielo por mostrarnos lo que hay en nuestro interior; lo vivimos, lo vivimos con una sed, una necesidad, porque ahora sabemos: que es por nuestros hermanos y hermanas, por nosotros.

Pero esta necesidad se vuelve tan importante para nuestros hermanos y hermanas que la hemos hecho nuestra principal necesidad.

Ahora los alimentos se vuelven secundarios para mantenernos, nuestras ropas se vuelven secundarias ahora, instruirnos se vuelve secundario ahora, nuestra necesidad de trabajar se vuelve secundaria, porque tenemos un solo objetivo: entregar cada mirada, cada pensamiento, escucha, palabra, acción, sentimiento que nos recuerda que esto es en la vida de hijos de Dios, y que hace sufrir a cada uno de nosotros para entregarlo a Dios; tenemos necesidad de eso.

Jesús, cuando dio pan, cuando dio pescado, dio eso para alimentar; él dio ese alimento para alimentar más de cinco mil personas, lo que representó un número incalculable porque el número sobrepasó mucho más de los cinco mil; pero, lo que cuenta, es el número de personas presentes ante Jesús.

Ahora sabemos, que en nuestro interior están nuestros hermanos y hermanas del mundo entero y esto representa mucho más de los que conocemos.

 

Sabemos que cuando entregamos a Jesús cada mirada, cada pensamiento, escucha, acción, sentimiento, es para Jesús un movimiento de amor: él toma este movimiento y lo cambia en gracias para alimentarnos.

Él alimenta nuestro interior con las gracias de paz, de amor, gracias de sabiduría, gracias de fe, de humildad, y el mundo se deja alimentar.

Tenemos hambre, tenemos hambre de la palabra de Dios, del amor de Dios, y el mundo se alimenta.

Nuestros hermanos y hermanas se alimentan del amor de Dios, del movimiento de la purificación: se vuelve su alimento exactamente lo mismo eso se vuelve nuestro alimento esencial de todos los días; tenemos necesidad de eso.

Si, hoy, hemos hecho movimientos, sabemos que estos movimientos estaban ante Dios y sabemos que estos movimientos eran movimientos de alimento para nuestra vida espiritual.

Un movimiento que hayamos hecho, no es un movimiento entregado a Dios, este movimiento se vuelve una pérdida, ese movimiento se vuelve inútil para nosotros, este movimiento se vuelve para nosotros un movimiento que no es parte de nuestra vida.

Que sea en nuestra mirada, en nuestra escucha, palabra, que sea un movimiento, un sentimiento, debe de ser útil; si no es útil, no debe de estar en nuestra vida, y lo sabemos, y lo consentimos.

Queremos vivir, queremos vivir para nuestros hermanos y hermanas como Jesús nos lo enseñó, ¿desde el principio?

Todo era nuevo para nosotros; se tenía este conocimiento que Jesús era el Amor, que habíamos faltado de amor por nuestra propia decisión; hemos tenido lecciones de amor, nos ha enseñado a ser buenos discípulos, de estar en sus lecciones de amor.

Como éramos unos pequeños bebés, nos alimentaba a cucharadas, y comimos; comimos cada palabra como algo verdaderamente nuevo y, al mismo tiempo, muy importante.

Él nos enseñó, él nos enseñó cómo descubrir nuestra vida interior; nos enseñó a conocer lo que nos ha hecho sufrir; nos enseñó a esperar, nos enseñó a dejarnos tomar entre sus manos: abandonarnos.

Sí, hemos aprendido cómo abandonarnos entre sus manos, esto se volvía para nosotros algo extremamente bello.

 

Después, él nos hizo hacer un trayecto de camino: otras lecciones; como éramos seres abandonados, nos hacía ver, nos hacía ver nuestra decisión; nos hacía ver también las consecuencias, vivir las consecuencias.

 

Sí, la purificación es un movimiento viviente, el movimiento de la purificación está vivo.

Hemos aprendido a entregarle las consecuencias, pero lo hemos aprendido a vivirlo en el amor, aún si ha sido un sufrimiento saber que hemos faltado de ir a la misa por nuestra propia decisión y esto ha traído los sufrimientos en nuestra vida y en la de nuestros hermanos y hermanas.

Nosotros hemos vivido eso; también hemos vivido los movimientos de sufrimientos cuando hemos visto que hemos hablado contra nuestros hermanos y contra nuestras hermanas y que esto era contra los mandamientos de Dios.

Se sentía en carne propia, y esto nos hacía sufrir, pero Jesús nos ha enseñado cómo entregarle este sufrimiento, cómo entregarle nuestras decisiones, cómo entregarle alos que hemos hecho sufrir, porque hemos hecho sufrir a los que amamos a causa de nuestras decisiones; nuestras consecuencias se vuelven ligadas con las consecuencias de los otros.

 

Cada uno de nosotros, hemos avanzado, y ahora él nos enseña más, más y más a ver nuestro interior, pero esto se vuelve amor, se vuelve amor que aprende a sufrir por nuestros hermanos y hermanas.

 

Cuando ahora vemos que ellos viven sus consecuencias, les amamos, rezamos por ellos, queremos soportarlos entregando a Jesús las consecuencias, sus consecuencias que están ligadas a nuestras consecuencias, pero al mismo tiempo sufrimos.

 

Sufrimos porque sabemos que nuestras consecuencias están ligadas a sus consecuencias y que si hemos tomado buenas decisiones, nuestras consecuencias no estarían ligadas a las consecuencias de sufrimientos de ellos, habrían sido actos de apoyo, de fuerza, de luz, de paz, de amor.

Y nosotros aceptamos ser lo que Dios quiere que seamos: un sufrimiento de amor; puesto que acepta­mos eso, aceptamos estar en la Cruz también.

Sí, aceptamos de estar en la Cruz, aceptamos tranquilamente dejar correr nuestra propia sangre; ¿cómo se puede hacer? Es un movimiento espiritual.

Vemos los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas; sabemos que a causa de lo que hemos aceptado, esto ha tenido consecuencias.

Ahora que hemos aprendido a vivir las consecuencias entregándolas a Jesús, estas consecuencias son las consecuencias de Jesús, ya no las nuestras.

Puesto que se las hemos entregado a Jesús, ya no son nuestras consecuencias, son las consecuencias de Jesús, pero nosotros aceptamos de cargarlas por amor, para ayudar a Jesús a vivir su Pasión; aceptamos de sufrir con Jesús por amor por nuestros hermanos y hermanas porque los amamos, porque queremos vivir con ellos su purificación, queremos ser lo que ellos son por amor.

 

No queremos separarnos de ellos, queremos ir hasta el final, hasta el final de la Pasión de Cristo hasta lo último, hasta lo último; mientras haya uno solo que tendrá que vivir la consecuencia de su pecado, lo haremos: no nos separamos de él.

 

Entonces, esto será el amor acompañado de sufrimientos, un sufrimiento cubierto con gracias, cubierto con gracias porque estará cubierto con la Sangre del Amor.

Nosotros aceptamos de dejar correr nuestra propia sangre; porque hemos dado nuestro sí a Jesús, él toma nuestra sangre y la mezcla a su Sangre para hacer de nosotros seres de amor: él nos deja participar de su Pasión.

Todo esto, no podríamos hacerlo sin la presencia de María.

 

María se mantuvo al pie de la Cruz por amor; María aceptó todo; ella aceptó de participar a la Pasión de su Hijo, y María nos ayuda; ella nos muestra cómo se mantiene cerca de nosotros; ella no deja de interceder ante la Trinidad para que obtengamos las gracias, las gracias de fuerza, gracias de paz, de humildad, para que podamos vivir la Pasión, la Pasión del Amor; es como si nosotros, humanos, vivimos una pasión.

 

Nosotros hemos podido vivir en lo que somos hasta hoy gracias a Jesús, a su Pasión; sin Jesús, nosotros no estaríamos aquí.

Ahora, vivimos una pasión de amor con las gracias de María, al lado de María que está al pie de la Cruz.

Nosotros somos seres de pasión: vamos más allá de lo que podemos entender y comprender.

Sabemos que llevamos con nosotros a nuestros hermanos y hermanas por amor, pero no comprendemos la grandeza de nuestra presencia para con ellos, no podemos comprender el amor pasionado de la Iglesia.

Jesús es apasionadamente amoroso de todos sus miembros, y deja derramar su Sangre sobre nosotros para que podamos amar con pasión a nuestros hermanos y hermanas, pero con las gracias, con estas gracias, con su Sangre.

¿Cómo podemos comprender eso? No podemos, pero podemos aceptarlo; con las gracias avanzamos.

 

Ahora tenemos verdaderamente sed de oír a Jesús, de oír a María, al Espíritu Santo, a Dios Padre; sabemos que cuando oímos hoy es un alimento para nosotros, para nuestros hermanos y hermanas, y esto nos alimenta: tenemos hambre, tenemos hambre de amor, sed de amor.

 

Este alimento, él nos hace saborearlo y no podemos pasar sin él; preferimos mejor desaparecer de esta tierra que de faltar a este alimento espiritual, este alimento de amor.

 

¿Estaríamos listos a decir sí a Dios en este momento para dejar esta tierra e ir hacia Dios Padre? Sí, ahora estamos listos.

 

 “Oh Dios de amor; ven a tomar en cada uno de nosotros este sí que nos has hecho pronunciar y deposítalo en la palma de tu mano, porque este sí, Padre, es un sí de amor, es un sí apasionado, es un sí que viene de tu Hijo; es un sí puro Padre, porque ha sido pronunciado por nuestra vida interior y no por nuestra vida exterior.

Es muy cierto Padre que esta tierra es atractiva, pero cuánto más, Padre, tenemos necesidad de este alimento.

¿A qué servirá vivir en esta tierra si ya no oímos estas palabras de amor, si ya no sentimos lo que vivimos en este momento? Hemos saboreado, ahora, ya no podemos privarnos de lo que hemos saboreado.

Toma nuestras vidas, Padre, es un sí.”

 

Cada uno de nosotros debemos aceptar todo; cada uno de nosotros debemos ser movimiento de pasión para nuestros hermanos y hermanas.

Dios está allí, Mamá María está allí; ella nos enseña a estar en el presente, nos enseña a avanzar en este movimiento de la purificación.

Vemos a nuestro alrededor lo que pasa y vemos que todo lo que Jesús nos ha mostrado se realiza.

Cuando Dios dijo: “El Espíritu Santo nos va a hacer entrar en el interior de nosotros”, sabemos que esto está cerca, pero sabemos también que no debemos calcular los minutos, las horas, los días, los meses, ni los años.

Vivimos ahora una vida que es una vida de amor; no queremos más de nuestra vida humana, sino de nuestra vida espiritual.

Nuestra voluntad humana ha perdido mucho lugar en nuestra vida; nuestra voluntad humana sabe ahora, reconoce, que debe ser obediente a la Voluntad de Dios porque Jesús nos ha enseñado a hablarle: Jesús nos ha enseñado cómo ser todo para él.

Este momento ha sido para nosotros un momento de amor, este momento ha sido para nosotros de alegría; hoy vamos a tomar un tiempo de reposo, y si ustedes quieren que se continúen las preguntas, que así sea.

Gracias.

Gracias, Señor.