Encuentro de amor con el actuar de Dios en Chertsey, Quebec,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007-01-20 – Parte 2

 

P- Hay veces se oye que una persona dice: “Ah, un tal tiene dolor de espalda; otro que tiene dolor de vientre; otro que se ha torcido el tobillo, ella vive su purificación”, ¿es esa la purificación?

Te voy a decir cómo yo he comprendido la purificación.

Yo había comprendido que la purificación son todos los movimientos interiores que se sienten: la cólera, los celos, la envidia constatados, o aún más recuerdos de actos que se han hecho: todos los males que no eran amor en nosotros y contra los que hay un combate continuo.

Se va a decir una palabra y enseguida se retracta, se ve que es una palabra de orgullo, o se ve que era falso, era una mentira; se vienen a la mente cosas que se han hecho o que nos han hecho.

Hay algo que pasa en el interior todo el día y es por eso que Jesús quiere que se entregue continuamente, continuamente, no solamente en nosotros, que recordamos, que se nos ha dado, para todos nuestros hermanos y hermanas.

Como cuando se tuerce el tobillo, ¿es eso también la purificación?

R. La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo: “Un día, una niña salió a la búsqueda, a la búsqueda de lo que podría ser para ella la luz.

Entonces, ella se fue hacia el bosque; ella se interna y luego ve; todo a su alrededor eran árboles, árboles pequeños, grandes; habían otros secos, otros frondosos; había yerbas; algunos rastreros; se sentían los olores, olores condimentados, olores de frutas; en otros momentos eran olores que le llegaban sin saber de dónde venían, y había humedad.

¿Por qué estaba eso allí? Habían ruidos también; ¿de dónde venían esos ruidos? ¿De dónde salían esos ruídos? Parecían que venían de tan lejos y al mismo tiempo tan cerca.

Había mucha sombra, y habían rayos de luz; por momentos habían lugares escarpados; por otra parte, lugares en que eran planos.

Todo esto era su universo y ella continuó, ella continuó en este bosque; había allí también una parte clara; ella se detiene, se sienta y se preguntaba: “¿Dónde estoy, hacia qué lado debo de irme para encontrar la salida?” Todo parecía confuso. “¿Hace cuánto tiempo que salí para entrar en este bosque?”

Ella no lo sabía, ella había perdido el sentido del tiempo; todo lo que sabía era que ella estaba allí, que debía tomar una decisión.

De inmediato, ella vio una liebre; luego dijo: “¡Ah, hay animales aquí!” De repente, ella oyó un gruñido: “Oh, eso parece ser más grande que una liebre, no me encuentro segura aquí,” dijo ella, “es necesario que me aleje, pero ¿para dónde?” No lo sabía ella.

De repente, ella oyó un ruido, un fuerte bum: “Ah, un tiro de fusil y parece que se acerca.” Oye ruidos de pasos sobre las hojas muertas y de inmediato ella ve: dos hombres que aparecen con fusiles en sus hombros.

Dice uno: “¿Qué haces aquí, pequeñita? Ella los mira y no dice ni una palabra porque estaba aterrorizada por esas armas, y ellos no comprendían que la pequeña se callaba por miedo a esas armas; creían que ella estaba aterrorizada porque estaba perdida en ese bosque.

Quisieron acercársele, pero ella les temía; ella tenía miedo, temblaba; ellos le dijeron: “No tengas miedo, te vamos a conducir a tu casa”; pero ella, veía esa violencia a su alrededor: “Por qué, por qué querían matar a esos animales?”

Lo que ella había visto, era la naturaleza, la creación de Dios, y ellos no veían eso, lo que ella veía, no comprendían lo que ella comprendía: tenían un arma en la mano.

Ellos tenían la fuerza, sabían dónde estaban, sabían cómo salir de allí, ella esta niña había recibido tanto amor; ella no quería la violencia.

Ellos avanzaron y se la llevaron consigo sacándola de ese bosque.

Cuando ella salió del bosque, entonces ella les habló: “¿Por qué hacer eso? Por qué esa violencia?” Ellos la miraban, estaban admirados de escuchar a la pequeñita de hablarles así.

La niña les dijo: “Ese bosque no les pertenece, ese bosque está hecho para los animales y ustedes, ustedes entran en ese bosque para matar los animales, ¿por qué?” Pero ellos le dijeron: “¡Pero así es!”

“No, no, no es así”, dijo la niña, “es necesario que aprendan a amar, a amar las criaturas de Dios” Pero ellos le contestaron: “Es necesario comer”, “Por eso es que hay que ir a los bosques para matar los animales.”

Entonces, ella les dijo: “Ustedes tienen comida, ¿por qué ir a matar los animales para tener otra comida?” Luego se vieron el uno al otro y tenían dificultad para responder a esta niñita. “Ella no comprende lo que nosotros comprendemos”.

Pero la niña continuó con dulzura diciéndoles: “No sean malos, porque si ustedes son malos, un día vivirán su maldad; a ustedes también los dañarán.”

Y ellos no comprendían, no sabían a dónde los quería llevar, y ella continuó: “Ustedes deben aprender a amar lo que Dios creó, deben de aprender a amar a los que viven en los bosques, así como deben de aprender a amarse ustedes mismos; ¡no es amor para ustedes servirse de las armas para matar!”

Ellos la miraban. Se pusieron a escucharla con atención lo que ella decía y continuó: “Comprenden, yo entré en el bosque, miré los árboles, vi la forma de los árboles, todos eran diferentes y encontré todo eso tan bello; vi también la luz, vi las sombras; las sombras me mostraban que allí había humedad, y donde pegaba el sol, estaban los árboles más frondosos, con salud.

Allí, avancé y vi cómo la yerba estaba buena; se sentían buenos olores y vi los frutos y yo misma sentí los olores; vi los pinos y sentí el olor de los pinos; ¡qué bueno se sentía! Todo eso lo constaté yo porque veía la belleza; ¿se dieron cuenta ustedes de eso?”

Luego, se vieron el uno al otro y dijeron: “No, lo que queríamos era ver las huellas, ver las ramas que fueron quebradas por los movimientos de los animales.”

“Yo, yo vi” dijo ella, “y vi qué bueno era ver que allí en el bosque habían áreas de habitación para ellos; vi huecos en los matorrales frondosos; con seguridad allí habían pequeños animales.”

“Nosotros lo que vimos”, dijeron ellos, lo que había para comer en las ramas.”

No hablaban el mismo lenguaje que el de la niña y ella los miraba y los amaba; ella comprendía que estos señores no habían aprendido, no habían aprendido a ser amor por lo que Dios les daba, y ella continuó y ellos la escuchaban; ellos aprendían, ellos aprendían a estar atentos a lo que les rodeaba para aprender a conocerse mejor: ellos aprendían de una niña.”

Lo que tú me has preguntado, hija mía; es como eso: los hijos de Dios quieren aprender, pero lo que han aprendido, es lo que estaba ante ellos como una necesidad, como cualquier cosa normal.

Y, al mismo tiempo, en el interior, estaba la niña, quien descubría la belleza de Dios, sí, la descubría allí en donde ella vive en la tierra con lo que le rodea: cuando una persona descubre que tiene una torcedura, una pierna dañada, un dolor de espalda, un dolor de cabeza, una mala digestión, es porque esta persona vive la consecuencia del pecado.

Estos movimientos son movimientos llevados al ser humano por el ser humano a causa de sus decisiones: decisión que ellos debieron tomar ante la tentación: tentación que viene de Satanás.

Porque ellos no supieron descubrir la belleza de Dios, tomaron una mala decisión, se volvieron seres sin amor para ellos mismos: entonces, ellos se volvieron violentos hacia sus propios sentimientos, se volvieron egoístas ante sus propios sentimientos, se volvieron amargos ante sus propios sentimientos, se volvieron seres que no veían más que lo que eran capaces de comprender.

Cuando nosotros sentimos en nuestro interior sentimientos de miedo, sentimientos que nos llevan a comer mucho, a juzgar; cuando tenemos sentimientos que nos hacen sufrir, pues bien, vivimos la consecuencia de nuestras decisiones y estas decisiones tomadas deliberadamente ante una situación, y las situaciones las hemos tenido ante nosotros.

Si las situaciones que estaban ante nosotros eran situaciones que no nos llevaban al amor, eso no venía de Dios: esto ha sido provocado por Satanás que se sirve de nuestros hermanos, de nuestras hermanas, que se sirve de algo exterior al humano.

Sin embargo teníamos ante nosotros estas decisiones, teníamos sea la oportunidad de decir sí o no; entonces, cuando hemos dicho sí a un acontecimiento, y que no era amor, esto nos ha ocasionado sufrimientos.

Solamente nos queda que aprender el ejemplo de una madre que entra a su casa y que ve a su hijo que ha hecho una fiesta sorpresa y todo está alrevez, la casa está en completo desorden, ella se pone furiosa, y porque se pone furiosa, ella duerme esa noche con una úlcera.

A pesar de todo ella tenía esta decisión:

Cuando ella entra a su casa y ve que su casa está en desorden porque su hijo ha hecho una fiesta, sin que él se diera cuenta de la fatiga de su madre, todo eso porque él tenía necesidad de divertirse y agradar a sus amigos, todo eso ha caído en él: todo eso fue provocado por Satanás, el Maligno, que puso a este hijo ante una situación; pero la mamá que entró, tenía la elección sea de no ponerse furiosa y preguntar a su hijo, con amor, las explicaciones, mostrarle su amor a su hijo, pero también podía guiarlo para ayudarlo a que comprendiera la situación.

Esto la llevó a tener cólera en su interior porque no aceptó lo que veía: ella faltó de amor hacia ella misma y dio un testimonio a su hijo.

Esto conlleva consecuencias:

Al hijo no le pareció la actitud de su madre, hubo palabras que fueron dichas entre los dos, y ella, cuando se acostó, volvió a vivir todo lo que pasó y se dio cuenta que pudo hacer algo mejor; y como vio todo eso, sus pensamientos comenzaron a multiplicarse hasta llegar a tener un dolor de estómago, y eso añadió un nuevo dolor al que ella ya conocía ella: una úlcera de estómago.

Cuando se piensa a esto después de muchos años, que nos acordamos en nuestro interior, y cuando entrega­mos este movimiento, movimiento de cólera: venimos de vivir una cólera y esta cólera nos recuerda que hemos vivido la misma cólera, entregamos este movimiento de cólera, esto se vuelve purificación.

Entregamos la causa de esta cólera: “¡Ah, ese desorden en la casa, esta fiesta sorpresa!”, la entregamos, damos la consecuencia, damos el dolor que hemos sentido.

Entonces, ¿comprenden?, todo es purificación.

Jesús dijo: “Les mostraré, les provocaré acontecimientos que harán salir de ustedes movimientos; ustedes estarán frente a sus pecados, ustedes estarán ante las consecuencias.

Cuando ustedes me den todo eso, será una purificación, y los que estarán en el interior de ustedes y que me den las mismas situaciones por ellos, serán gracia para ellos.”

Comprendan, todo movimiento se vuelve purificación.

Si sentimos una cólera como tú lo has dicho hace poco, una envidia, una pereza, si entregamos eso, no damos solamente la envidia, damos la causa, la elección y damos la envidia, todo eso es movimiento.

Jesús arranca el mal, él sana; él cura el cuerpo y erradica todo lo que es malo; el cuerpo se deja sanar y el mal sale del cuerpo: sale, no permanece más.

Comprendan, todo se vuelve purificación.

Si nos quebramos una pierna – bueno yo bajo, luego me quiebro una pierna, – pues bien, tengo una elección: la de ponerme furioso, o de permanecer en paz: “Te entrego, Señor, todas las veces que yo he caído, te entrego todas las veces que he sentido cólera, te entrego, Señor, todas las veces que he tenido una herida porque me he caído; ahora, tengo una pierna quebrada pero, en otros momentos, no he tenido la pierna quebrada, pero he tenido una contusión.

Todo se vuelve purificación, todo es movimiento de amor; entonces, lo que vivimos,la Iglesia entera lo ha vivido; nosotros no hemos sido creados para dañarnos, hemos sido creados perfectos, absolutamente perfectos.

Recuerden la historia: la niña cuando entró en el bosque, vio los árboles, grandes, pequeños, vio que habían y que eran frondosos, pero vio también que habían árboles secos.

La creación de Dios, desde el principio fue perfecta, pero con el tiempo la creación de Dios, a causa de la voluntad humana, se deterioró, se contaminó, se deformó.

Entonces, todo eso la niña lo comprendió; ella lo vio y miró.

Luego nosotros, cuando vinimos a la tierra, éramos seres perfectos en Jesús, pero cuando vinimos en el seno de la madre, en nuestra mamá llevamos con nosotros todo lo que los humanos han traído desde el inicio, es decir, desde Adán y Eva.

Cuando nuestro cuerpo se formaba, se formaba con lo que el ser humano había aceptado en todos sus movimientos; que sean éstos los movimientos del pensamiento, de mirada, de escucha, que sean de la palabra, los gestos, los sentimientos, todo entraba en nosotros: el cuerpo se formaba con todo eso, así como el bosque se formó.

Pero la niña, ella, ella lo comprendió, ella fue el amor de Dios; ella avanzó, avanzó; por tanto ella vio todo eso.

Cuando ella vio a estos dos hombres llegar con los fusiles, ella vio la consecuencia del pecado: ella vio cuán violento se volvió el hombre y cuánto el hombre no ha comprendido el amor de Dios.

Ella que era bien pequeña, había guardado su corazón de niña y comprendía, comprendía todo lo que había visto, pero no perdía el amor de Dios a través de todo eso, ella guardaba su corazón de niña.

Ellos, fue lo mismo que ella, pero ellos habían perdido su corazón de niños; lo que comprendían, no era lo que ella comprendía: ellos vivían la consecuencia del pecado y ella vivía su purificación; ella comprendía, aceptaba todo y amaba.

Cuando ella se sentó frente a la parte clara, vio cómo todo era bueno, y al mismo tiempo, quería regresar a su casa, pero no hacía violencia alguna, sin ningún miedo; ella miraba y escuchaba.

Ella vio una liebre y se dio cuenta que no se encontraba sola; se dio cuenta que habían animales allí, como nosotros que nos damos cuenta en nuestro interior que no estamos solos, estamos con nuestros hermanos y hermanas.

También se dio cuenta que había un gran ruido y comenzó a sentir miedo porque el ruido fue fuerte: un oso; todo eso no lo comprendía, no lo veía, pero sin embargo no panicó: ella se dejaba ir en ese movimiento de amor, ella se encontraba en una parte clara en donde había claridad.

Pero, cuando ella oyó los boom boom, que eran de armas de fuego, ella sabía que eso no era de la naturaleza de Dios: ella vio a esos hombres y vio el pecado.

Ella no usaba el mismo lenguaje que ellos; lo que ella comprendía, ellos no lo comprendían y ella no quería ir hacia ellos, ella ya no quería ir hacia ellos.

Luego, la purificación es así.

Nosotros conocemos las armas de fuego como ella las conocía puesto que tuvo miedo, ya que sintió algo: ella desconfiaba de las armas de fuego; como conocía las armas de fuego, no quería eso.

Exactamente lo mismo nosotros, conocemos ahora la violencia, pero no la queremos, porque nuestra purificación se hace.

Así como la niña ha guardado su corazón de niña, su purificación se llevaba a cabo en ella; pero es cada uno de nosotros que aceptamos nuestra purificación y que la hacemos.

Y ella estaba allí frente a esa violencia, ella les habló, ella les mostró el amor de Dios: todo estuvo basado hacia Dios

Entonces, lo que nosotros vivimos: tratamos de ayudar a nuestros hermanos y hermanas.

Ellos no tienen el mismo lenguaje que nosotros, y nosotros no tenemos el mismo lenguaje que ellos, pero avanzamos, nos entregamos.

Cuando Irena habla, ella comprende, cuando otro habla, ella comprende.

La purificación es así: allí en donde hemos llegado, allí alcanzamos la luz; allí en donde Dios quiere hacernos comprender, allí vemos la luz; allí en donde habrá otros movimientos de purificación, allí llevaremos a otros con nosotros.

¿Cómo comprender esto, Espíritu Santo?

Cuando estamos en el movimiento de la purificación, es fácil al principio: hemos entregado el movimiento; pero cuando hemos entregado los movimientos, no estábamos aún en los cuestionamientos, entregábamos y entregábamos; ¡cielos! más dábamos y más dábamos: “Bueno, ¿qué es lo que entrego, qué es lo que retengo? ¿Acaso eso está en mi purificación? Eso, cuando estoy enfermo, ¿es eso la purificación? Cuando un tal tiene cáncer, ¿es eso la purificación?

Luego aparecen otros movimientos en nuestro interior: tratamos de comprender lo que vivimos.

Cuando tratamos de comprender lo que vivimos, es como si fuéramos la niña, luego los hombres que estaban con sus armas de fuego.

No comprendemos este lenguaje de purificación; estamos frente a una situación, pero no poseemos el mismo lenguaje; es nuestro pequeño corazón de niño que es muy pequeñito, y al mismo tiempo, un adulto que se hace preguntas, pero somos nosotros que somos adultos.

¿Cómo el niño en nuestro interior puede tener el mismo lenguaje que nosotros en el exterior?

En nuestro interior, comenzamos apenas a vivir nuestra purificación: es eso lo que la niñita comienza a comprender en su interior.

En el exterior, no estamos totalmente purificados: es el adulto que vive su purificación en el sufrimiento, en los cuestionamientos.

Pero es como si hay dos personas en nuestro interior: una en el interior y la otra en el exterior; estas dos personas están juntas.

La pequeña, ella, ella sabe, ella conoce, tiene un lenguaje de hija de Dios, y el adulto vive su purificación, pero no comprende nada.

En tanto que la pequeña se alimente de las gracias de Dios, de la luz de Dios, de la paz de Dios, en tanto que ella no esté llena de las gracias de Dios, nosotros en el exterior, no comprenderemos completamente, pero más ella se dejará alimentar, más la del exterior va a escuchar.

Es eso que la niñita, que salió del bosque con los dos cazadores, ha hecho: más hablaba la pequeña, al principio, no había mucha comprensión entre los dos; pero cuando la pequeña comenzó a hablar, bueno, se preguntaba; la pequeña continuó; ¡bien! no es tan mal; la pequeña continuó, ¡mm! nos callamos; la niña continuó, ¡ah! comenzaron a comprender.

¿Comprenden? es así que somos: más vamos a vivir una vida de hijos de Dios, como un niño, más el ser adulto que somos va a comprender.

Dios dijo: “El Reino de mi Padre pertenece a los pequeños”; es siempre el mismo lenguaje.

Nuestra purificación se hace: más damos, más nos callamos.

Sí, las enfermedades, los accidentes vienen de la consecuencia del pecado: es la consecuencia del pecado.

Si entregamos todas las consecuencias, vivimos nuestra purificación; si vivimos de los sentimientos, pues bien, estos sentimientos los entregamos a Jesús: son las consecuencias del pecado.

Y más hacemos eso, más avanza nuestra purificación; más entregamos, más gracias absorbemos.

El alma nos las da. Es el alma que deja en nuestros cuerpos todas estas gracias y nuestro cuerpo, que aprende a estar en paz, en la confianza, y que acepta de dejarse cubrir de las gracias que el alma nos da, ella se cura: sanamos, nos dejamos liberar por las gracias del Cielo.

Todo es interior, no hay nada que pasa en el exterior, olvidemos eso; no hay nada que va a pasar por el exterior, todo está en el interior, va a salir del interior hacia el exterior.

Recuérdense ustedes por aquellos que estaban allí, cuando Dios permitió que yo vea mi interior y, al momento del ofertorio, yo avancé, avancé, y deposité una piedra hecha de mármol, y vi una luz que salía del Cielo y entraba en el centro de la piedra y ella la hizo explotar.

Es en el interior que pasa todo, porque en el exterior el corazón del hombre es duro.

La luz de Dios entra en el interior porque yo lo he visto: todo explotó, salió del interior, y eso es nuestra purificación, del interior.

Más entregamos a Jesús: pensamientos, escuchas,palabras, acciones, emociones, que sean del pasado, del presente, nos dejamos purificar; todo es purificación, absolutamente todo.

Agradezcamos al Cielo de todo lo que pasa a nuestro alrededor.

Si algunas veces caemos, pues bien, este movimiento nos sirve para la purificación; no es lo que creemos; hay algunos que dicen: “Bueno, acabo de quebrarme una pierna, es mi purificación.”

¿Qué has comprendido de tu purificación? ¿Por qué te quebraste una pierna? ¿Es que eso tiene relación con mi purificación? ¿Acaso me caí porque creo que eso me va a ayudar a purificarme más?

Consecuencia, consecuencia del pecado que está en la Iglesia.

Más nosotros, nuestros hermanos y hermanas van a dejarse purificar, menos accidentes habrán; si no es para ti, será para otro, llegará un día como una ola hacia ti.

Es la purificación: es un movimiento de amor.

Gracias, Señor.