Encuentro de amor con el actuar de Dios en Montreal, Quebec,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007-01-13


Jesús:
Cada vez que el Espíritu Santo quiere hablar, él los reune; hace un movimiento en el corazón de todos los hijos del mundo, para que cada uno esté rodeado de la llama de amor.

Esta llama guía a los hijos hacia Dios, muestra un campo no conocido para ellos mismos y los coloca allí en donde deben de estar: en el Corazón mismo del Amor.

Cada uno de ustedes, mis hijos de amor, están rodeados de una llama de amor, y esto hace de ustedes seres de amor para aquellos que aman, para los que llevan consigo: cada uno de ustedes es un rayo de amor.

¿Cómo, hijos míos, no pueden ser rayos de amor cuando rezan a la LLama de Amor, cuando piden a la Madre de Dios de darles un corazón, de darles un corazón amante, un corazón que se olvida así mismo por los otros? Recen, ustedes son amor.

Cuando ustedes se entregan, aprenden a reconocer el movimiento de Dios en ustedes; todo lo que son ustedes es de Dios, todo lo que pudieran ser no puede ser si Dios no lo quiere.

Desen cuenta: todos están reunidos aquí para oír hablar su interior; todo está en ustedes, todo se mueve en ustedes porque ustedes son la vida.

Sean verdaderos, estén atentos a su interior, todo lo que son ustedes viene de mí.

He venido a hablarles de amor, he venido a mostrarles que mi Padre es todo para ustedes, porque ustedes son sus hijos; todo lo que son ustedes es querido de mi Padre cuando se conducen bien.

Sean todo amor, sean una llama que no cesa de estar alimentada por Dios.

Comprenden hijos míos, hay tanto amor en ustedes, hay tantos beneficios desconocidos para ustedes mismos; cada vez que ustedes hablan, hijos míos, con su corazón, quienes los escuchan reciben gracias del Cielo, porque sus palabras ya no son las palabras de ustedes, son mis palabras.

Soy yo que soy el Verbo, y no ustedes; soy yo que los alimento, no ustedes; ustedes me dan su consentimiento exactamenete como mi Madre; mi Madre dio su “Hágase” para que el Hijo bienamado del Padre venga a hablarles en sus corazones.

Mi madre está con ustedes, ella les tiende los brazos.

Hijos de mi Voluntad, escuchen su corazón que canta, él está listo a absorber todo lo que es de Dios, todo lo que está permitido por el Cielo, Dios lo permite.

Este instante es para ustedes, mis hijos de amor, no porque ustedes están inquietos, ¡ah! eso, hijos, es necesario que aprendan a vivir todo acontecimiento porque Dios quiere concederles las gracias, gracias de amor, para ustedes y para sus hermanos y hermanas del mundo entero.

Mamá María: Hijitos de mi amor, dejen introducir en ustedes estas palabras, déjense tomar por el movimiento del amor.

Cada paso es un paso que los conduce hacia el Cielo; cada paso hijos míos, debe ser un paso consagrado a la Iglesia, la Iglesia tiene necesidad de hijos fieles en todo.

Sean fieles hacia ustedes mismos, sean verdaderos, mis hijitos de amor, para que puedan obtener del Cielo todo lo que les sea necesario para vivir en estos tiempos de gracias.

El Cielo les abre de par en par las puertas, hijos míos; el Cielo les hace conocer su Voluntad.

Cuando ustedes se comportan como maestros de amor para ustedes mismos, cuántos hijos reciben, cuántos están atentos a las necesidades de los otros.

Hijitos, hay tanto a darles, hay tanto a recibir.

Cuando ustedes se entregan, hay hijos que están más atentos, hay hijos que están dispuestos a detenerse y a preguntarse así mismos sobre la manera de hablar, la manera de escuchar, la manera de mirar a sus hermanos y hermanas.

Todo lo que viene de ustedes mismos, hijos míos, debe ser amor, debe ser amor para mi Hijo.

Él se entrega continuamente a ustedes, para que sean buenos hijos.

Vivan estos instantes de amor en paz: días de alegría vienen, días en que deben ser todo amor para aquellos que aún no han comprendido cuán importante es de amarse, cuán importante es de aprender a apreciar todo lo que Dios les da.

Cada uno de ustedes son hijos de amor, ustedes pertenecen a Dios, vienen de Dios, han sido elegidos para este instante de amor, el Cielo se alegra.

Sí, hijos míos, el Cielo se alegra cuando ustedes se detienen y que consagran estos instantes a mi Hijo, su Dios.

Yo soy la Madre de todos los hijos, mi Corazón bate de amor, él está lleno de alegría cuando comienzan a ya no estar en su voluntad, sino en la Voluntad de mi Hijo, porque mi Hijo actúa, actúa para ustedes para que todos reciban.

Hijos de amor, los he reunido para que puedan amarse sin cesar y sin cesar: el reunirse es oración.

Comprenden, cuando un hijo quiere entregarse, espera, espera que Dios le conceda las gracias para que él pueda actuar.

Cuando ustedes se reunen, esperan, esperan las gra­cias del Cielo para que se entreguen a todos los que están alrededor de ustedes; aquí acaban de realizarse en un movimiento de amor, de luz, y de esta luz, hijos míos, que se difunde allá en donde ustedes no son capaces de estar.

Comprenden, hijos míos, la oración es movimiento de luz.

En el rincón más pequeño de los hijos de Dios, hay un lugar para el amor del prójimo.

Cuántos hijos en este mundo no se detienen en lo que hacen; ellos vagan en su quehacer del día como seres desconocidos de sí mismos; son incapaces de decir lo que es bueno para ellos mismos, luego, los otros no reciben nada, ellos no pueden recibir porque sus corazones están cerrados; los que rezan, los que hablan, los que actúan tienen un lenguaje, un lenguaje del Cielo, porque todo está en mi Hijo.

Hijos de mi Voluntad, les hablo así porque están reunidos para rezar el rosario de la Llama de Amor tan deseado en mi Corazón de Madre.

Hay tanto amor, hijos míos, en esta oración, hay amor para todos los hijos que tienen hambre de mi Hijo.

Quiero concederles las gracias, hijos míos, muy especiales para que puedan siempre estar en este movi­miento de amor, movimiento que aporta las gracias, movimiento que aporta las gracias a los que están en las tinieblas.

Recen, hijos míos, con las gracias del Cielo; es necesario que se entreguen sin cesar y sin cesar.

Yo estoy muy atenta a sus necesidades; todo en ustedes es amor, todo en ustedes se entrega.

Yo sé hijos míos que tienen hambre, sé hijos míos que quieren obtener del Cielo las gracias para que puedan tener tiempo.

Sí, hay que pedir al Cielo las gracias para que tengan tiempo, hijos míos, el tiempo de detenerse para rezar.

Mis hijitos, hay en sus vidas tantos movimientos a entregar a mi Hijo, todo lo que está en sus pensamientos y que no está ardiente de amor debe de entregarse para que puedan estar muy atentos a lo que el Cielo quiere que ustedes conozcan.

Un instante, hijos míos, que no piensen como seres de amor, es un tiempo perdido para los hijos que tienen tanta necesidad: tanta necesidad de oraciones, tanta necesidad de acciones de amor; tanta necesidad de los movimientos que vienen del Cielo.

Comprenden, hijos míos, Dios quiere servirse de ustedes para que puedan entregarse completamente a sus hermanos y hermanas.

Escuchen este lenguaje, este lenguaje les va a enseñar a estar más atentos de lo que el Cielo espera de ustedes.

Ustedes han recibido muchísimo, las gracias han inundado sus días de oraciones; ustedes deben de entre­garse sin cesar y sin cesar; más reciben, hijos míos, más el Cielo espera de ustedes mismos.

Entreguen sus vidas a la Iglesia, sean todo amor para todos los miembros de la Iglesia; la mirada de Dios está sobre ustedes, la Madre de Dios tiende sus brazos para recibirlos a todos en su Corazón.

Quiero demostrarles, hijos míos, cuán importante es de estar siempre atentos a escuchar a Dios por aquellos que se han retirado de la Iglesia, por aquellos que ya no creen.

¡Ah, hijos de amor, si pudieran ver la tristeza de estos hijos! Ellos ya no creen en ellos mismos, son los hijos de Dios y ya no creen; ellos que fueron bautizados y ya no creen en las gracias del sacramento del Bautismo, porque ya no creen en ningún sacramento.

Ya no quieren detenerse en la caridad del amor de Dios, porque toda caridad viene por medio de las gracias, pero ya no creen en ellas, ya no creen en ningún sacramento y tampoco creen en ningún milagro, ya no creen tampoco en el sacerdocio.

Estos hijos bautizados han rechazado lejos de ellos todo lo que era de Dios, porque han puesto detrás de ellos todo eso como si el pasado no existió nunca; viven en un mundo hecho de sus propios pensamientos.

¡Ah, hijos míos!, ustedes que saben, ustedes que han tenido tantas pruebas de la presencia del Cielo en sus vidas, piensen que estos hijos tienen necesidad de uste­des.

Un instante que ustedes no están presentes ante Dios, en Dios, para Dios, ellos no reciben nada, ellos van a la deriva, y yo, la Madre de Dios, tiendo mis brazos para ir tras ellos: estos son mis hijos, yo los amo.

¡Ah, hijos de amor, mi Corazón de Madre es tan tierno para estos hijos, porque conozco, por el dolor de mi Hijo, sus necesidades de amor.

Ellos gritan, pero no escuchan; ellos lloran, pero no son capaces de detenerse para ser consolados; están inactivos a causa de todo lo que pasa en sus vidas, porque lo que hacen les impide avanzar, son incapaces de reaccionar.

Son pequeñitos que están paralizados por sus propios pensamientos, sus propias palabras; sus miembros ya no producen gestos de amor, porque son incapaces de comprender que Dios es amor.

Ellos lo quisieran tanto de lo más profundo de ellos mismos, pero ¿quién les va a hablar, quién les va a hacer comprender, cuando sus propios pensamientos los alimentan? Hijos de amor, ustedes son el alimento, el alimento de Dios para ellos.

Cuando ustedes rezan, hijos míos, ellos reciben, ellos reciben amor, reciben la luz; lentamente lentamente, aprenden a mirarse, a interrogarse, a querer comprender.

Hijos de amor, sus oraciones están en movimiento con ellos: cuando ustedes rezan a la Llama de Amor, hay un movimiento que se hace conocer en ellos; ellos se dejan alimentar, ellos se dejan alimentar de mi presencia, y de mi Corazón de amor envuelvo sus corazones heri­dos y estos hijos se dejan arrullar, se dejan arrullar por las gracias del Cielo.

¿Comprenden qué importante es que estén atentos a las gracias del Cielo? Entreguen, hijos míos, entreguen con amor; yo estoy cerca de ustedes y les ayudo a comprender los designios de Dios para ellos.

¡Paciencia, hijos míos! Dios ha sido paciente con ustedes y Dios es paciente con ellos.

Cada pensamiento, mis amores, que no comporta la huella de la Voluntad de Dios deberá ser entregado a Dios, entonces Dios va a tomar todo y hacer acto de presencia, y los pensamientos, hijos míos, que no han estado en Dios, por Dios, no estarán más en ustedes; Dios les concederá movimientos de amor, lo que reemplazará estos movimientos, hijos míos, y ellos recibirán.

No hay nada perdido para Dios, todo es movimiento de presencia.

¿Comprenden qué importante es que sean buenos hijos en todo tiempo, hijos míos? Permanezcan total­mente abandonados entre las manos de mi Hijo; yo los guío, los llevo a ir, más allá hijos míos.

¡Ah amores, amores, qué bueno es de no estar en esos pensamientos que no son para ustedes!

Sí, hay amor para todos los hijos de Dios; tanto ellos como ustedes tienen necesidad de amor, de las gracias.

Vivan esto en paz, vivan esto como siendo un movimiento que los hace conocer otro movimiento.

Cada acción que hacen ustedes, hijos míos, es una acción del Cielo cuando ustedes se entregan; entonces, entréguense, entreguen todo.

Todo lo que es bueno, hijos míos, es de Dios y todo lo que no es bueno en sus vidas es también de Dios ya que mi Hijo hizo todo: hagan la acción de entregarle todo a él sin cesar y sin cesar para que cada hijo reciba.

Todos están juntos: que rece uno entre ustedes y todos los demás rezarán; que uno de ustedes, hijos míos piense y los otros reciban lo que ustedes merecen por sus pensamientos.

¿Comprenden hijos míos, qué importante es el movimiento? El movimiento es alimentado por Dios, mi Hijo es el Movimiento y ustedes tienen la vida por él: entreguen todo a mi Hijo.

Ahora hijos míos, voy a dejar el lugar al que Es más que todo.

Jesús: Hijos de amor, todo lo que han oído es deseado por mi Padre, todo lo que es, es querido por mi Padre.

Lo que ustedes hacen en este mismo momento es don de la vida, entonces, entréguense, entréguense como yo me entregué; sean la Iglesia, sean fuertes en estos tiempos.

La Iglesia, hijos míos, son ustedes mismos; no vean a los otros miembros, véanse a ustedes mismos, lo que ustedes dan, así cada uno recibe: lo que ustedes son es importante.

Desde hace tiempo, han habido movimientos y estos movimientos han estado frente a Dios; ningún movimiento pudo haber sido desconocido de Dios y ninguno será desconocido de Dios, porque YO SOY.

La Voluntad de mi Padre es de que sean perfectos como mi Padre es perfecto.

No vean hacia atrás, vean su presente, ahí en este instante, sus movimientos se vuelven para ustedes movimientos de esperanza, de fe, de amor para uste­des mismos y para aquellos que aman.

Déjense mover por el Espíritu de Dios, él les enseña, él los hace ver, él los hace avanzar.