Encuentro de amor con el actuar de Dios en Sudbury, Ontario,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

2007-06-15

 

♪♪♪ :     Ven, ven, ven, ven Soplo de Vida;

            Ven, ven, ven, ven a nuestros corazones...

La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo: Esta fuente...

¿Se oye bien? ¿Se oye bien, sí?

El Señor, es una apertura; él es el único que nos puede hacer entrar, él es el único que pudiera hacernos entrar allí en donde todo es bueno para nosotros.

Busquemos para tomar otra puerta...

¿Es correcto, Lina? Espera un minuto, allí no, un minuto, allí ¡Ah!

Ya ven, traten de encontrar otra manera de ir hacia Dios y así será: van a tratar de hacerse comprender y no los comprenderán; por más que griten, nadie se volteará hacia ustedes para ayudarles porque no los habrán comprendido.

Él no podrá comprender lo que no está en él; lo que está en él, ahí si puede ayudar, allí sí puede ir hacia la persona.

Estar bien atento a Dios es así, es estar en nosotros, continuamente en nuestro interior.

Jesús, es él que nos abre al mundo; sin Jesús, nada ante nosotros está abierto, absolutamente nada; nosotros andamos en la tierra, pero andamos en la tierra en donde todo está cerrado: las puertas nos las han cerrado.

Cuando tratamos de pasar estas puertas, hay algo que nos daña, algo que nos vuelve ciegos, nos vuelve sordos, y más tratamos de pasar esas puertas, más sufrimos, pues bien, es lo que ha pasado en nuestras vidas.

Hemos tratado de vivir en la tierra con Jesús, pero sin comprender verdaderamente lo que él espera de nosotros; hemos andado con lo que conocíamos; hemos andado con lo que nosotros éramos: hijos que querían ser amados de Dios, pero que eran incapaces, incapaces de amar un ser perfecto, incapaces de amar un ser que es puro, ¿por qué? Porque nosotros mismos no somos perfectos, nosotros mismos no somos puros.

Entonces, hemos intentado de hacer con, con lo que éramos: hemos andado en esta tierra, hemos trabajado en esta tierra, nos hemos codeado con nuestros hermanos y nuestras hermanas con lo que nosotros éramos.

Lo que nosotros no éramos capaces frente a Dios, tampoco lo éramos frente a nuestro prójimo.

Si no somos capaces de amar a Dios como quisiéraamos amarle, pues bien, es lo mismo para con nuestro prójimo; queremos amar a nuestro prójimo, pero no somos capaces de amarlo verdaderamente como lo quisiéramos porque todo sale de nuestro interior.

En nuestro interior tenemos puertas, en nuestro interior hay que ir hacia esas puertas, y no somos nosotros los que tenemos la llave de esas puertas, no somos nosotros que tenemos la posibilidad de abrir esas puertas, es Jesús.

¡Ah! hay una puerta que podemos abrir, la nuestra: sí, sí yo entro en mí, sí yo doy mi sí a Jesús; es todo lo que nos pertenece, esta puerta es nuestro sí.

Pero cuando queremos atravesar nuestro interior, allí encontramos muchas puertas, y estas puertas no pueden ser abiertas que por Jesús él mismo, no por otras personas.

Ninguna voluntad humana puede abrir estas puertas que están en nuestro interior porque no las conocemos; no sabemos quién ha cerrado las puertas, por qué han cerrado las puertas, cuándo han cerrado las puertas, dónde han cerrado las puertas; todo esto no es conocido más que por Jesús, no por nosotros.

Queremos vivir en la tierra como seres de amor, pero nos quedamos con los cómo, por qué, dónde, cuándo, cómo.

¿Dónde comenzó nuestro sufrimiento? ¿Cómo es que vino nuestro sufrimiento? ¿Por qué somos tan sufridos? ¿Cómo voy a hacer para detener este sufrimiento? He aquí que Dios viene a hablarnos en nuestros corazones para darnos las respuestas; desde que el mundo es mundo buscamos estas respuestas.

Desde Adán y Eva buscamos, buscamos a conocer, conocer la verdadera felicidad, y la verdadera felicidad no es otro más que Jesús.

Aprendan a conocer quién es Jesús, y entonces, todas las puertas se van abrir, absolutamente todas las puertas, pero en nuestras vidas, hemos cerrado tantas y tantas y tantas puertas a Jesús.

No somos nosotros, los primeros, que hemos cerrado las puertas, fueron los que estaban antes que nosotros, mucho antes que nosotros, aún antes que nuestros tatarabuelos.

Los primeros que cerraron las puertas a Jesús, son los que dijeron no, no a la obediencia de su Padre.

¿Por qué han hecho eso? Porque estuvieron ante la tentación, hicieron la elección de estar en la tentación; esto cerró muchas puertas y, todavía hoy, conocemos esas puertas cerradas.

Si vemos todo lo que está a nuestro alrededor, descubrimos que ya no podemos mirar esas puertas cerradas estando tranquilos: perdemos nuestra paz.

Vivimos en un mundo agitado, vivimos en un mundo que ha perdido la fe, que ha perdido la esperanza, ¿por qué? Porque ha perdido lo más precioso: el amor; sin el amor, no podemos comprender qué debemos de esperar.

No sabemos cómo tener la fe porque estamos heridos a causa de esa falta de amor.

Miramos este mundo y encogemos las espaldas; vemos este mundo y decimos: “¿Hasta dónde hemos llegado? ¿A dónde vamos? ¿Cómo vamos a salir de esto? ¿Por qué está en nuestras vidas? ¿Qué hemos hecho para llegar a eso?” Hay tantos sufrimientos.

Cada día, se nos hace descubrir algo; descubrimos que vivimos en la tierra en donde hay personas que creen en los dioses.

En el 2007, vemos por todas partes personas que creen en los dioses, que aceptan a los dioses en sus propias casas y que dicen amar a Dios, nuestro Padre, amar a Dios Hijo, amar a Dios Espíritu Santo, y sin embargo tienen dioses en sus propias casas.

Nosotros mismos sabemos que hay dioses en sus casas; ¡ah! hay la televisión, Dios nos habla de eso; hay nuestros programas favoritos, Dios nos habla de eso; hay nuestras maneras de actuar como ser personas que les gusta trabajar aún el domingo, se han vuelto dioses para nosotros, pero también hay otros dioses que no queremos dejar.

Ahora, se nos ha enseñado a tener en nuestras casas los Budas y sin embargo no es Dios, es un dios entre tantos otros.

Y estos son hijos católicos, bautizados, hijos que conocen los diez mandamientos de Dios, hijos que tienen la Biblia en sus casas.

¿Por qué estamos tan confundidos? ¿Por qué no vemos que si aceptamos los dioses, Dios nuestro Padre no nos aprobará? Él no estará de acuerdo que nos conduzcamos así pues jamás lo ha aprobado.

En el tiempo en que su pueblo estaba ante los dioses, Dios envió los profetas, él les advertía; él no dejaba de advertirles con el objeto de que regresaran a él, dejar esos dioses, y cuando no querían, Dios los dejaba ante sus consecuencias: habían enfermedades, epidemias.

El pueblo de Dios conoció la consecuencia de sus propias decisiones ante ese pecado de la idolatría y hoy, ¿acaso somos diferentes? Somos lo mismo, estamos tan confundidos que no sabemos lo que nos es permitido.

¿Qué es lo que se nos permite? ¿Aceptar otros dioses en nuestras casas? No, eso no nos es permitido; aceptar obras que van contra Dios, tampoco nos es permitido; si aceptamos libros en nuestras casas que hablan de otros dioses, pues bien, hacemos lo que Dios no quiere que hagamos: nos engañamos a nosotros mismos, pero no podemos engañar a Dios.

Si entramos en nuestra casa objetos y les tenemos apego, como estatuas que no pueden estar frente a Dios: como estatuas prohibidas que vienen de Satanás, esto Dios no lo aprobará y viviremos las consecuencias.

Basta solamente con ver lo que hay a nuestro alrededor: ¿por qué hay tantas enfermedades? ¿Por qué nuestros hijos nos dejan para vivir una vida, una vida de sufrimientos? Ellos toman el camino de la droga, del alcohol, de la sexualidad, y cuando hablamos de la sexualidad, hablamos de la sexualidad impura, animal.

Hoy vemos eso, y sufrimos, es porque aceptamos en nuestras casas lo que no es de Dios.

Si continuamos a hacer eso, pereceremos como los que van a perecer, pues él ha dicho que habrá un tiempo en que las ovejas estarán a la derecha y los machos cabríos estarán a la izquierda: pues bien, si continuamos a aceptar en nuestras casas lo que no es de Dios, no estaremos a la derecha, estaremos a la izquierda, porque Dios no tiene sino que una palabra.

Él nos da su Palabra, viene a hablarnos en nuestros corazones para que estemos ante la verdad, y porque estaremos ante la verdad, estaremos frente a nuestra propia sentencia; cuando esto llegue, no podremos decir que lo ignorábamos, eso es falso.

Dios nos está preparando para vivir el más grande acontecimiento en la tierra: su presencia de vista en nuestro corazón.

Él reune a sus hijos de todas partes del mundo; reune a su rebaño para que esté frente a él, porque es su rebaño que estará ante él: todos nosotros estaremos ante Jesús en nuestro interior, veremos la grandeza de Dios, el amor de Dios para nosotros, la misericordia de Dios para nosotros, y nos presentaremos con lo que conocemos en ese momento.

En este momento, Dios está instruyendo nuestra vida; nuestra vida exterior oye, nuestra vida exterior ve y, por el poder del Espíritu Santo, nos hace comprender lo que tenemos que comprender, porque los tiempos que vivimos son los tiempos que nos llevan a vivir lo que los apóstoles querían vivir.

Conoceremos la purificación de nuestro cuerpo, estaremos frente a los movimientos; estos movimientos ya han comenzado para nosotros, pero la Iglesia debe de vivir estos movimientos.

Todos aquellos que llevamos en nuestro interior deben vivir eso, ni uno tan solo escapará; todos los que están inscritos en el Libro de la Vida: los hijos de Dios, vivirán eso, y los que no están inscritos en el Libro de la Vida vivirán la justicia de Dios.

Todo eso quiere decir que los que no están inscritos en el Libro de la Vida verán todo lo que han rechazado; verán que sólo el Hijo de Dios es el que nos aporta la vida eterna, la felicidad; ellos estarán ante esta verdad y la vivirán; no escaparán a eso, tal es la Voluntad de Dios Padre.

Todos aquellos que no están inscritos en el Libro de la Vida, son todos aquellos que quisieron seguir a Satanás, y esto comenzó desde que los hijos de Caín aceptaron de juguetear con los demonios.

Todo esto está ante nosotros porque Dios quiere que lo oigamos.

Estos han llevado consigo un no, pues al instante que ellos han aceptado de estar con esos seres inmundos que no estaban con Dios, han aceptado su propia elección como siendo fatal.

Esto quiere decir que hombres y mujeres, antes del diluvio, conocieron el pecado de la infidelidad: el rechazo a Dios, rechazando el amor incondicional de Dios por ellos mismos.

Ellos vivieron como hijos de Dios, para nosotros que los veíamos, pero en su interior ya no eran hijos de Dios; ellos mismos escogieron de vivir teniendo como amo a Satanás y esto nos ha sido descubierto por Jesús.

Por el poder del Espíritu Santo, hemos comprendido estas palabras, hemos podido vivir estos momentos todos juntos en la Iglesia, y Dios continúa aún más a descubrir esto para prepararnos a vivir lo que debemos vivir.

Jesús es la Luz, Jesús es el Amor; el que cree en Jesús tiene la vida eterna, los que no creen en Jesús no tendrán la vida eterna, irán hacia la muerte eterna, esto ha sido dicho y así será.

¿Por qué comprendemos estas palabras, por qué nosotros? Porque aún antes que vengamos a este mundo, hemos sido elegidos, porque aún antes que hemos dado nuestro sí, Dios nos había preparado a vivir lo que vivimos en este mismo momento.

¿Por qué nosotros? ¿Por qué hemos sido preparados? Porque debemos vivir el Evangelio, debemos vivir la Iglesia; algunos han sido llamados para sostener la Iglesia, para ser la Iglesia, para tomar sus hermanos y hermanas del mundo entero que aman a Dios, pero que sufren a causa de los que han rechazado de conservarse para Dios.

Ellos han querido conocer placeres que no vienen de Dios; ellos han idolatrado; se han entregado a actos tan impuros que aún los animales entre ellos no los hacen: han acumulado pecado sobre pecado.

El sufrimiento se ha acumulado de año tras año, la muerte se ha multiplicado, haciendo de los hijos de Dios seres de sufrimientos, haciendo de los hijos de Dios hijos incapaces de adorar a Dios con toda su alma, con todo su espíritu, con todo su corazón, con toda su fuerza, pues todo se ha debilitado a causa de los pecados.

Pero nosotros que conocemos esa debilidad, hemos sido, por el poder de Dios, elegidos para sostener a nuestros hermanos y hermanas: esa es nuestra misión.

Tenemos la misión de decir a Jesús continuamente: “Aquí estamos, tómanos, aceptamos ser entre tus manos las pequeñas almas que sufren, las pequeñas almas que quieren darte todo por ellas mismas: pensamientos, palabras, escuchas, acciones, sentimientos; ya no queremos ser nosotras mismas, queremos ser tú; aceptamos de morir en ti para sostener a los que mueren todos los días, mueren en sus palabras, mueren en sus escuchas, en sus miradas, en sus acciones, en sus sentimientos.”

Porque un hijo que no piensa en Dios muere, un hijo que acepta de escuchar a otro que no habla de Dios muere, un hijo que no hace acciones (para Dios) muere en él, un hijo que acepta vivir con los sentimientos que no son por Dios muere.

En cada fracción y fracción de segundo, nuestros hermanos y hermanas mueren: mueren en la Iglesia, mueren en lo que son; son incapaces de ver, de comprender lo que pasa a su alrededor; se matan en sus trabajos, se matan en el consumo, se matan queriendo aturdirse en el placer, en el abuso: nuestros hermanos y hermanas mueren.

Nosotros, que aceptamos rezar, que aceptamos nuestros dolores, con las gracias de Dios, vivimos, recibimos las fuerzas; pero no desperdiciemos estas fuerzas, démoslas a la Iglesia, a Jesús, a nuestro Espíritu, a nuestra Luz, a nuestra tierra.

¡Jesús es nuestra tierra, Jesús es nuestro amor! Cuando vivimos por Jesús, vivimos por la tierra de amor; cuando vivimos con Jesús, vivimos con la tierra, porque Jesús es la tierra: todo lo que ha sido creado está en Jesús.

Intenten de encontrar un movimiento que no es Jesús: esto es imposible.

Que sea el universo, éste estáen Jesús; que sea la tierra entera, toda está en Jesús; todo lo que está alrededor de la tierra está en Jesús; toda materia está en Jesús y todo lo que es espiritual está en Jesús: todo a nuestro alrededor está en Jesús.

Comprenden, es porque cuando miramos a nuestros hermanos, quienes no miran con los ojos de Jesús y tampoco ven a Jesús a su alrededor, en los árboles, en los olores, en los colores, en los movimientos, cuando no ven a Jesús, no ven nada, están ciegos; están muertos a la vida; ellos no están en el movimiento de la vida eterna, están en el movimiento de la muerte eterna.

Es menester que ellos resuciten; nosotros no podemos resucitar a nuestros hermanos y hermanas, porque estábamos muertos; Jesús vino, Jesús nos ha vuelto a dar la vida.

Ahora, vemos a nuestros hermanos y a nuestras hermanas que creen en todo lo que no es de Dios, de Jesús; se alimentan de pan, de vino, y afirman estar vivos.

Aliméntense del pan que no es el de Jesús, se enve­nenarán; beban del vino que no es la Sangre de Jesús, morirán.

Entonces, todo alimento de la tierra, comprendamos bien, todo alimento de la tierra está en Jesús: que sea el que comemos en la mesa diariamente, que sea el alimento que está en otro país, si éste está en Jesús está vivo, si éste no está en Jesús, no produce las gracias, luego eso nos envenena

Comprenden, nosotros mismos hemos visto muchas veces esto en nuestras vidas; hemos visto nuestro alimento, pero no lo hemos asociado siempre a Jesús, al Verbo.

Jesús es el Verbo.

Todo alimento es movimiento, el movimiento está en la Vida, entonces un alimento vivo es un movimiento, en tal caso Jesús es el Movimiento, por tanto el alimento está en Jesús.

Veamos esto como hijos de Dios, seamos verdaderos con lo que somos; todo lo que hay para nosotros que nos alimenta es de Dios el Creador; la tierra fue creada por Dios y todo lo que está en la tierra es de Dios.

Y cuando vemos el Cielo, cuando vemos los astros, sabemos que el sol contribuye a todo eso, sabemos que la luna contribuye a todo eso, porque ¿quién creó el sol, quien creó la luna, quién creó las estrellas? Es el Creador: Dios.

Todo está en el Hijo y todo lo que es del cielo contri­buye a calentar la tierra, a envolverla; entonces, todo es movimiento, todo es vida: todo es de Dios.

Un sólo pensamiento, un sólo pensamiento que no es por Dios está contra nosotros; Dios nos hace comprender esto porque vamos a entrar en una Nueva Tierra.

No entraremos en la Nueva Jerusalén ignorantes de lo que es la Nueva Jerusalén; la Nueva Jerusalén es Jesús.

Por tanto, debemos de aprender a amar a Jesús, a amar la Nueva Jerusalén: amar lo que es la tierra, la materia, el movimiento, la vida, el aire; allí está nuestra única oportunidad de vivir eternamente, tenemos esa elección.

Dios nos habla en nuestro corazón para despertarnos.

Cuántas personas se alimentan y creen que esto viene de sus esfuerzos, viene del esfuerzo de los hombres, esto es falso.

Si tomamos los alimentos, es para alimentar nuestro cuerpo: nuestro cuerpo debe estar alimentado con las gracias de Dios; si queremoss conocer un cuerpo unmortal, debemos conocer lo que hemos aceptado: entrar en nuestro interior.

Hemos dejado entrar en nosotros el alimento, muchas veces, que no llevaba las gracias; hemos dejado muchas veces entrar en nuestro interior alimentos que no llevaban el amor de Dios; si queremos regresar a la fuente, debemos de conocer de dónde vienen esas impurezas.

¿Por qué han venido esas impurezas? ¿Quién ha hecho que seamos consentidores de consumir lo que era impuro? Sabemos quién es, Satanás; Satanás ha instruido a los hijos que nos han enseñado a alimentarnos con alimentos impuros.

Nosotros hemos aceptado eso, ¡ah! por ignorancia, pero esa ignorancia la hemos pagado cara; hoy vemos nuestros miembros y sabemos que nuestros miembros sufren; miramos nuestra vista y sabemos que nuestra vista no es una vista buena; nuestra audición no es la audición que debería de ser; nuestro lenguaje no es el lenguaje que deberíamos tener; nuestras acciones, también nuestros sentimientos.

Todo eso vino por lo que hemos aceptado en nuestra vida en tanto que alimentación; ¡ah! no a todos, no es la alimentación que nos ha vuelto así, pero eso es parte de lo que hemos aceptado.

Dios nos ha dado todo lo que hay de bueno en la tierra para nosotros, pero cuántos han hecho de lo que era bueno movimientos impuros para darnos lo que no era bueno.

Nuestros padres, nuestros tatarabuelos trabajaban la tierra, sembraban buenas semillas en la tierra, alimentaban la tierra, tomaban cuidados porque sabían que cuando sembraban una semilla en la tierra, tenían que tomar cuidado de ella.

Descuidar la tierra, y sembrar una buena semilla, la semilla va a sufrir, no dará una buena cosecha.

Pues bien, hoy no se alimenta la tierra con lo que es bueno y lo que cosechamos es impuro y comemos eso; ustedes dirán: “Pero entonces, ¿cómo nos vamos a alimentar?”

Hay que ir con Jesús, dar todo eso a Jesús: “Jesús, sabemos que lo que comemos es impuro porque tu tierra al principio era pura, ahora ella es impura; te entregamos esta consecuencia.

Nosotros vivimos las consecuencias de esta negligencia, te pedimos Jesús que repares esto.

Bendice, bendice nuestro cuerpo para que pueda tomar este alimento; bendícenos y bendice este alimento impuro para que no dañe mi cuerpo, y bendice a todos los que llevo conmigo, bendice sus alimentos, tú eres el único que nos puedes ayudar.

Jesús es el Purificador, él es el único que va a cambiar la superficie de la tierra, no habrán otros, porque él es el que Dios Padre nos ha enviado.

Dios quiere demostrarnos su poder, Dios quiere que dejemos de aceptar de alimentarnos con lo que es impuro y que no es necesario a nuestra salud; habrá mucho sacrificios a hacer, pero Mamá María nos va a ayudar.

Cuando veamos que estamos frente a alimentos impuros que no son alimentos que vienen de una buena tierra, ya no debemos tomarlos.

¿Cómo saber que eso viene de una buena tierra? No podemos por nosotros mismos, Jesús nos va a ayudar, Jesús va a tomar todo lo que somos y él va a mostrarnos que eso está permitido, mientras que otros no, eso no es un buen alimento para nosotros, que ese es un alimento hecho para agradar y no para alimentarnos sanamente.

Hay muchos alimentos a nuestro alrededor que deberán desaparecer, muchos alimentos, porque en la Nueva Jerusalén, no habrán alimentos impuros, es mejor que comencemos inmediatamente.

Nosotros estamos aquí para ayudar a nuestros hermanos y hermanas, no es al continuar a conducirnos como hijos que quieren permanecer en la ignorancia que les vamos a ayudar.

Si hacemos pasos con Dios, en Dios, por Dios, entonces hagámoslos hasta el final.

¿Acaso los apóstoles comían como nosotros comemos? No, Jesús les había enseñado, Jesús les había enseñado lo que se debía comer con moderación, también les enseñó a ayunar cuando lo podían hacer, no un ayuno excesivo, un ayuno hecho con las gracias de Dios, con el amor de Dios, porque les enseñaba a escuchar sus cuerpos.

Cuando sentían el cansancio, lo paraban y tomaban una comida, una comida pequeña, lo que les ayudaba a avanzar; no los llevaba a las posadas para atracarse, los llevaba a conocer la necesidad; todo lo que les era necesario, Dios los dirigía hacia eso y es lo que va a hacer con nosotros.

Tranquilamente, Dios nos dirige hacia lo que es bueno, nos enseña tranquilamente a dejar talo cual cosa.

Mamá María, ella también nos ayuda; no olviden que en Medjugorje, habían plantas de tabaco y ella les pidió de sembrar plantas de uvas; comprenden, eso era mejor para ellos para su salud.

Pues bien, ¿creen que eso es diferente para nosotros? Lo que ella les mostró, es también para nosotros, para enseñarnos que debemos conducirnos bien ante Dios Padre.

Debemos de aprender, debemos de aprender a conducirnos bien como hijos de amor rechazando el abuso; si nosotros abusamos de las buenas cosas, vamos a caer enfermos; si abusamos de las buenas cosas, vamos a ir hacia lo que no es bueno; ¿no es eso lo que hemos hecho? Hemos ido hacia lo que no es bueno.

Los primeros colonos, cuando llegaron a Canadá, ¿creen que tenían un refrigerador lleno? ¿Creen ustedes que iban todas las semanas al supermercado a llenar sus fresqueras? Ellos aprendieron, ellos aprendieron a trabajar la tierra, aprendieron a hacer reservas con la cosecha; con todo eso, alimentaron sus familias.

Pues bien, es lo que vamos a hacer, vamos a aprender a regresar a la tierra, vamos a aprender a poner a un lado lo que no es bueno para nuestra salud; todo eso que nos ha sido conocido por este mundo deberá ser puesto a un lado.

No crean que vamos a entrar a la nueva tierra llevando consigo nuestras papas fritas, nuestras gaseosas, nuestros cigarrillos, nuestros puros, nuestro alcohol, nuestra repostería de todas las formas, de todos los colores, de todas las golosinas.

Vamos a aprender, vamos a aprender a volvernos hijos humildes, simples, como Jesús.

Hoy festejamos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús; el Corazón de Jesús es manso y humilde.

Entonces, lo que vamos a aprender: a ser mansos para con nosotros mismos, a no agobiarnos yendo hacia lo que es impuro para nosotros, porque todo lo que es impuro para nosotros, todo lo que es un abuso para nosotros, nos impide tener pensamientos de amor hacia Dios, nos impide tener miradas de amor hacia Dios, nos impide de querer escuchar la Palabra de Dios, nos impide de hacer acciones de amor para nuestro Dios; esto nos mantiene con sentimientos contra Dios, contra nosotros mismos, contra nuestro prójimo.

Comprenden, una mala alimentación vuelve nuestra digestión lenta, vuelve nuestra digestión perezosa, vuelve nuestra digestión incapaz de absorber lo que debe de absorber para alimentar nuestro cuerpo.

Dios quiere que tengamos un cuerpo inmortal, nosotros no seremos inmortales con una alimentación malsana.

Dios nos hace conocer por los santos las maneras de alimentarnos, las maneras de tomar cuidados de nuestro cuerpo y esto, Dios ha tomado cuidado de hacérnoslo conocer.

Puesto que tendremos necesidad de eso, tendremos que ir a las fuentes, de ir allá en donde hay un movimiento de amor para nosotros mismos, porque los hombres se han alimentado mal a partir de los hijos de Caín, pues se les mostró cómo servirse de las plantas que no eran puras para el cuerpo; estas plantas adormecían los miembros, confundían los pensamientos, volvían el cuerpo débil ante la tentación.

Todo esto está a nuestro alrededor, porque toda planta que nos vuelve incapaces de tener pensamientos para Dios, de guardar nuestro espíritu de amor, está contra nosotros, esto viene de Satanás.

Cuando tomamos lo que es impuro, nos destruimos; vamos a aprender a consumir lo que es bueno y a dejar a un lado lo que es impuro.

Tranquilamente, Dios va a transformar nuestro ser y esto, va a ser necesario de pedírselo: “Bendice nuestro alimento, bendice nuestro cuerpo, ven a purificar todo lo que ha entrado en nosotros.”

Dios lo va a hacer, comencemos hoy a hacerlo.

Cuando vayan a pensar que un alimento que están acostumbrados a tomar no es bueno para su salud, pero bueno al paladar, pidan la gracia de privarse de él y la obtendrán.

Comiencen, porque muchos hijos van a sufrir.

Cuando venga la Gran Purificación, todos esos alimentos no existirán para nosotros y los que hayan dicho sí a Jesús tendrán necesidad de nuestro apoyo.

Saldrán de eso con un espíritu de amor, una mirada de amor, una escucha de amor, con actos de amor, con sentimientos de amor; van a querer ser todo amor para Dios, porque ya no querrán más que lo impuro entre en ellos, porque en ellos ya no habrán más no: todo eso estará ante ellos.

Comprenden, Jesús dijo: “Ellos tendrán mi fuerza, yo los sostendré hasta el final”; pues bien, formaremos parte de esta fuerza; todos los que aceptarán de vivir la Pasión de Cristo sostendrán a sus hermanos y hermanas al momento de la Gran Purificación.

Nosotros somos un número pequeño, pero este número es muy importante.

Lo que hemos aprendido hoy viene de Dios y no de nosotros, y lo que aprenderemos mañana y después de mañana vendrá de Dios y no de nosotros.

Es muy importante avanzar en la simplicidad con mucha humildad, porque no somos más grandes que ellos, que todos los que van a vivir la Gran Purificación.

Si Dios nos ha elegido, es porque él conocía nuestro sí y él lo ha alimentado con su Cuerpo y con su Sangre; él nos ha hecho saborear su misericordia y porque nos ha hecho saborear su misericordia, entonces nosotros seremos misericordia por nosotros mismos.

Ser misericordia por nosotros mismos, es decir: “Jesús, si tú has sido tan bueno para con nosotros, pues bien, enséñanos a ser buenos hacia los otros porque es en este instante que yo voy a ser bueno por mí mismo.”

Morir por los que amamos, es conocer el amor; entonces, aceptemos de morir por nuestros hermanos y hermanas para conocer el amor, un amor eterno.

Bueno, ahora vamos a detenernos aquí.

Gracias, gracias Señor.