Encuentro de amor con el actuar de Dios en Sudbury, Ontario,

por su instrumento, la Hija del Sí a Jesús.

 

 

2007- 06 -17

 

♪♪♪ :     Gloria a ti, Padre, ¡Aleluya!

            Gloria a ti, Hijo, ¡Aleluya!

            Gloria al Espíritu Santo, ¡Aleluya!

            Por tu honor y por tu gloria, por tu grandeza y tu victoria.

            Por tu bondad, por tu sabiduría, por tu amor y tu ternura.

            Por todos los bienes que nos das, por las grandezas que tú modelas.

            A través los hombres, nuestros hermanos, en la belleza de sus oraciones.

            Por tu alegría, tu magnificencia, y por la paz en el sufrimiento.

            Por la grandeza de tu presencia, por la dulzura de la Alianza.

Dios Padre: Hijos que quieren escuchar su interior; hijos que quieren aparecer ante su Padre como siendo un niño, reciban la presencia de Dios, déjense envolver del poder del Espíritu Santo.

Sólo Dios puede hacerlos entrar en su interior; sólo Dios puede hacer de ustedes hijos obedientes, abandonados entre sus manos.

Quererse abandonar entre las manos de Dios, es querer recibir lo que él quiere para ustedes mismos, para todos aquellos que llevan con ustedes.

Ustedes son unidades, ustedes son uno ante Dios; cuando Dios los ve, él ve a todos sus hijos, no falta ninguno.

Reciban, mis amores, reciban la gracia de Dios, la que los vuelve bellos ante Dios, la que los volverá al estado de hijos de Dios.

Todo lo que son en este momento, es Dios que lo ha querido; lo que Dios espera de ustedes, hijos míos, es un abandono total en este mundo, en este mundo que olvida que yo lo he creado, este mundo que se pierde en sus pensamientos, este mundo que se pierde en sus obras.

Toda obra de Dios lleva la gracia de Dios; las obras de los hombres que no llevan la gracia de Dios, no son una obra, ellas son la destrucción.

Hijos de mi Voluntad, vean su corazón, su corazón que bate por Dios, su corazón que aprende a vivir en el amor del prójimo, un amor incondicional, un amor que da, ofrece, conoce, se abandona, un amor que quiere ser para Dios.

El amor proviene de mí y debe regresar a mí, es por eso que los preparo.

Los preparo a vivir diariamente con mis gracias, porque los días que vienen, hijos míos, son días que les van a hacer conocer mi Voluntad: mi Voluntad de amor, una Voluntad hecha de mi Volntad y no de su voluntad.

Yo sé lo que es bueno para ustedes, hijos míos; yo sé lo que este mundo necesita para que regrese a mí.

Cuando hablo de este mundo, hijos míos, hablo de todos aquellos que se miran: de todos aquellos que hacen obras para ellos mismos; este mundo que se guarda para él y que es incapaz de vivir con Dios: incapaz de aprovechar las gracias de Dios.

 

Ustedes que se entregan, ustedes que aprenden, hijos míos, a reconocer mi Voluntad, no se digan ser hijos de mi Voluntad sin reconocerse muy pequeños, sin saber que ustedes no son nada ante el poder de Dios, pero todo con mis gracias.

Ustedes deben estar atentos a lo que pasa en el presente de sus vidas, para ayudar a sus hermanos y hermanas del mundo entero; lo que han aprendido debe ser para ustedes un alimento un alimento diario en sus vidas para probar a lo que yo quiero hacerlos probar: una felicidad perfecta, una felicidad eterna.

 

Muchos sufrimientos hay en sus vidas, entonces reciban, hijos míos: reciban por medio de la omnipotencia de Dios estas palabras, estas palabras que los llevan a interiorizarse, profundamente, muy profundamente, allí en donde no son capaces de ir, pero allí en donde Dios quiere hacerlos penetrar.

Ustedes penetran en un mundo de sufrimientos, penetran allí en donde hay la maldad, allí en donde hay gritos, allí en donde los hijos ya no se vuelven hacia Dios; ellos caminan entre los otros y mis hijos están tan solos.

Los hijos de Dios quieren hacer como los hijos que rechazaron a Dios; ellos no se dan cuenta que van directamente a sus sufrimientos; los hago caminar entre ellos para que puedan entregarme sus sufrimientos.

Escuchen sus gritos, escuchen sus cóleras, son incapaces de comprender que sus cóleras vienen de su decisión ante el pecado de la cólera.

Satanás alimenta el pecado de la cólera y ellos penetran en el interior y todo se vuelve confuso en ellos; ellos son incapaces de retener sus sufrimientos, y sus sufrimientos gritan con palabras: entréguenme eso, hijos míos.

¿Escuchan esos gritos? Son los gritos de sus hijos, son los gritos de sus nietos; son incapaces de retenerlos, porque hay la violencia en ellos, conocen la frustra­ción, la indignación, la burla, la indiferencia, el miedo; siempre están inclinados a recomenzar.

No lloren por ellos, aprendan a entregarme esta cólera, consecuencia de su decisión ante el pecado de la cólera; esto les da las gracias y deja en ustedes la paz, hijos míos, la paz de la que tienen necesidad según algunas situaciones: la paz que les enseña a ser pacien­tes, la paz que les enseña a mirarlos con amor, a no juzgarlos, la paz que les enseña a no retener en ustedes su deseo de ir hacia ellos para tomar sus sufrimientos, la paz que les muestra que no pueden hacer nada por ellos, pero que Dios puede todo por ellos.

Sumérjanse en esta paz, tal es mi Voluntad.

Reciban, hijos míos, porque en el interior de ustedes hay curaciones, en el interior de ustedes los invade una gran paz, ella corre al interior de cada parte de su cuerpo.

Sus pensamientos, sus pensamientos que estaban contra Dios, contra ustedes mismos, contra su prójimo desaparecen, ellos dan paso a los pensamientos de amor, a los pensamientos de gratitud, a los pensamientos que los llevan a reconocerse en la gracia de Dios, la gracia de la misericordia de Dios.

Una gran alegría se hizo sentir en su alma: su alma alaba a Dios, ella canta a Dios, ella se deja envolver con las gracias de amor que provienen de su Esposo.

Hijos de mi Voluntad, ustedes han recibido; vengan conmigo de nuevo, déjense tomar por mi Voluntad, déjense liberar de sus cadenas, déjense curar, hijos míos, este mundo tiene necesidad de ustedes, tiene necesidad de sentirlos con la confianza en Dios.

Hay hijos que se entregan a toda clase de movimientos impuros: movimientos que los llevan lejos de mí, movimientos que les enseñan a tener confianza en su voluntad humana, en la voluntad de los hombres de este mundo que no piensa sino que en el poder, en la voluntad de las mujeres de este mundo que no piensan más que en la dominación.

¡Déjense penetrar!

Estos hijos han escuchado el mal, se han dejado seducir por Satanás con sus palabras de engaño; ellos han conocido la adversidad, quisieron ellos mismos combatir la maldad tomando por cierto que la maldad debe ser combatida por la fuerza, la fuerza humana, el carácter humano.

El hombre aprendió por sí mismo a defenderse y ha escrito libros mostrando a los hijos de Dios cómo defenderse contra los ataques que vienen de su prójimo; han desarrollado palabras, palabras que abaten, palabras humillantes, palabras que controlan, palabras que dominan, y se han servido de estas palabras contra sus hermanos para castigarlos, para hacer su propia justicia.

Los hijos han aprendido estas palabras y han caído ellos mismos en la trampa de Satanás, desarrollando enfermedades síquicas, enfermedades afectivas, enfermedades físicas.

Esto ha dado apertura a Satanás y Satanás procura que otros hijos aprendan, por métodos mentirosos, engañosos, a ir hacia estos hijos enfermos, sirviéndose de palabras engañosas, queriendo ir en su consciente, en el subconsciente, en el inconsciente, para hacer resaltar pensamientos, emociones que estaban bajo el control de la enfermedad que procedían de las malas decisiones del pecado; han hecho que eso vuelva a subir a la superficie, diciendo que eso era para curarlos.

Hijos que se han dejado engañar por estos movimientos, movimientos que les han causado sufrimientos y que los llevaban a la depresión hasta el suicidio, hasta el divorcio, hasta el descuido de la paternidad y de la maternidad, dejando a los hijitos solos, destruyendo su afectividad.

Hijos de amor, vean estos hijos, ¿no han estado en lo mismo ustedes también? Los envuelvo con mi luz; voy a buscar en su interior las acciones cometidas y que han hecho contra mí, contra su alma, contra su prójimo; eso lo vuelvo a subir a la superficie y, con mi fuego de amor, lo curo; quito el mal en ustedes, los sumerjo en mi luz de liberación.

Un gran fuego sienten en su interior: ya no manifiestan odio hacia esos métodos, porque esos métodos que los hijos aprendieron y que venían de Satanás ya no podrán alcanzarlos, no pudiendo hacerlos esclavos de sus sufrimientos, porque los libero de sus sufrimientos, les enseño a avanzar en mi luz, a estar en mi luz y a permanecer en ella.

Ustedes aprenden a respetar cada etapa de sus vidas, porque dejan todo el lugar a Dios; ahora ustedes tienen confianza en Dios, ya no quieren tener confianza en el ser humano que se dejó engañar por Satanás.

Todo su ser se deja tomar por este movimiento de amor; sus miembros, hijos míos, reconocen la gracia de Dios, reconocen que la Voluntad Divina de Dios es el movimiento de todo lo que son ustedes.

Permanezcan en esta liberación, hijos míos; la luz soy yo, yo estoy en ustedes, ustedes están en la luz de Dios, Dios está con ustedes.

Es el amor de Dios, hijos míos, que cura; es el amor de Dios que los vuelve fuertes ante su debilidad; porque ustedes se abandonan, ya no tienen su voluntad humana, la han entregado a Dios y Dios los alimenta con su Divina Voluntad, Voluntad de amor que conoce su pasado, que los hace vivir en el presente y que les hará conocer su futuro al momento, hijos míos, en que la Divina Voluntad hará un movimiento en ustedes.

Todo se ha realizado.

Permanezcan en la alegría por conocer estos movimientos; en el interior de ustedes, los hijos se curan de sus malas costumbres de ir hacia esos métodos mentirosos; estén atentos a la Palabra de su Dios.

Los hijos tienen necesidad de ustedes, hijos que gritan, mis hijos gritan justicia; con su voluntad humana, han aprendido a usar palabras contra sus hermanos, han aprendido a ir con las armas contra sus hermanos, han aprendido a destruir lo que era bueno a causa de su voluntad humana.

Ellos creyeron destruir el dolor, la injusticia cuando han alimentado la injusticia, sirviéndose de la violen­cia contra la violencia, han levantado la espada y han perecido por la espada; han enseñado a sus hijos a vivir la consecuencia de sus decisiones ante el pecado del odio.

Los hijos de éstos viven en la violencia; ellos mismos se hacen la violencia en su cuerpo, no respetando su propio cuerpo que es el de sus propios hijos, cometiendo actos impuros contra ellos, haciendo conocer su dominación para saciar sus sentidos, violando las personas para satisfacerse.

Estas personas guardan una cólera muy grande, porque ellas reconocen que son un alimento para Satanás; incapaces de detenerse, buscan hacerse justicia ellas mismas usando la ley para querer continuar sus actos inmundos, yendo hacia una sexualidad malsana: parejas que se intercambian, personas del mismo sexo haciendo actos para saciar sus propios sentidos, yendo hacia los animales para estar en los placeres.

Hijos de mi Voluntad, tomen estos movimientos, entréguenme estas consecuencias, consecuencias de sus decisiones ante esta injusticia, injusticia que venía de Satanás.

Es Satanás que los hace probar esta injusticia, diciéndoles que son así y que si los otros no los aceptan así, es porque están equivocados y que tienen el poder, con su fuerza, de obtener lo que quieren.

 

¿Cuál es entonces esta diferencia entre los que se sirven de sus palabras y destruyen el amor? Los que se sirven de las armas destruyen el amor; los que se sirven de sus fuerzas físicas destruyen el amor; los que no respetan su cuerpo por saciar sus sentidos destruyen el amor; los que van hacia su propio sexo destruyen el amor; los que no respetan su pareja destruyen el amor; los que van hacia las criaturas inferiores a ellos destruyen el amor.

Satanás está contra el amor, él no quiere eso; es Satanás la causa de esta falta de amor hacia Dios, hacia ellos mismos, hacia su prójimo; ellos mismos tienen la decisión de rechazar eso, pero la debilidad de este mundo les impide de alimentarse de las gracias de Dios.

Ustedes son mis hijos y porque son ustedes los hijos de la Luz, son más fuertes, hijos míos, que las tinieblas.

Yo les enseño a usar su sí, a utilizar esta arma de amor contra las tinieblas; entréguenme estas consecuencias, entréguenme sus decisiones, entréguenme la causa que es el pecado, y reciban, reciban las gracias de amor.

Es el amor que vence el pecado del odio, es el amor que cura el interior de ustedes, es el amor que los libera de sus cadenas, lo que ellos reciben por medio de ustedes, hijos míos, ustedes lo reciben.

Permanezcan en este movimiento de amor; sientan sus miembros, hijos míos: sus miembros se extienden en la Cruz, la Cruz es la libertad; ¿sienten su libertad? ¿Sienten su paz? Dios toma todo de ustedes, él los transforma en hijos de Dios, amados de Dios, mirados por Dios.

Dios les hace conocer la fuerza de Dios, ella está en ustedes; permanezcan en este movimiento de amor.

La Iglesia son ustedes, hijos míos; la Iglesia está en el poder de Dios, porque la Iglesia es Dios.

Ustedes están en este movimiento de curación, ustedes están en este movimiento de liberación.

Tomen, hijos míos, porque yo les doy para que ellos reciban; los hijos reciben, los hijos de Dios reciben el amor y ustedes reciben; déjense transformar para que ellos también sientan esta curación.

El tiempo le pertenece a Dios, hijos míos.

Les voy a enseñar a desarrollar la paciencia; les voy a enseñar a que conserven la paz para saborear el tiempo de Dios, para estar en esta luz, para estar siempre aten­tos a la Voluntad de Dios y no ver más la voluntad de ustedes, una voluntad que ya no es esencial a ustedes.

Ahora dejen todo eso a un lado porque saben que la Divina Voluntad los envuelve; ella los lleva aún en ese pasado, hijos míos, para que vivan el presente.

Los hijos se preguntan, hijos muy curiosos se sirven de la inteligencia de Dios para aprender lo que es contra Dios.

Hijos que están en el cuestionamiento, para conocer lo que les sería necesario para avanzar en un mundo de energía, en un mundo en el que se pueda autocurar, en un mundo en el que se pueda enviar ondas para contactar a los hijos, en un mundo en que el poder sirva a obtener un empleo mejor pagado, una posición por encima de la otra, una energía que recuerda que están en un poder interior, que el cuerpo tiene ese poder, que la inteligencia no ha sido desarrollada en su más alto grado: poderes engañosos, poderes que los hacen mirar allá en donde no pueden comprender, pero en el que sus pensamientos quieren aprender a controlar, a buscar, a conocer el futuro estudiando las cartas, escrutando los astros, consultando el horóscopo, procurándose piedras, utilizando los metales, abriendo la puerta a los dioses, colocándolos en sus casas, dándoles productos alimenticios, dinero, palabras con las que puedan obtenerles el poder, bienes; estos dioses son dioses que vienen de los ángeles caídos, que tienen por amo a Satanás.

Estos hijos han sido engañados y engañan al mundo y se dejan engañar; ellos quieren controlar el tiempo, ellos quieren controlar el poder de Dios.

No se puede controlar a Dios, se deja actuar a Dios, pero como ellos quieren controlar, porque ellos se toman por dioses, viven las consecuencias y el mundo sufre.

La enfermedad está en todas partes y se extiende: se traen al mundo hijos enfermos, se traen al mundo hijos minusválidos, los jóvenes luchan contra enfermedades no conocidas, y esto se multiplica.

La tierra se deja envolver de una capa destructiva y los vientos se levantan haciendo remolinear las materias impuras de la tierra ahogando la atmósfera, y los hijos sufren: consecuencia de ese poder malsano.

Han querido levantar todo lo que estaba impuro, sirviéndose de eso, y enviarlo alrededor de la tierra: los hijos reciben esa energía de materia acompañada de maleficios que paralizan, que ahogan, que dejan a los hijos con secuelas, y estos hijos están inclinados al suicidio, están inclinados a vivir como animales, no sabiendo a dónde ir para reposarse de sus propios actos contra ellos mismos.

Este mundo está en la perdición y todo esto es la obra de estos poderes: poderes de tinieblas.

Hijos de la luz, estas consecuencias, hijos míos, están en sus vidas también.

Conserven su paz, su alegría, su confianza y entreguen a Dios todo movimiento de maldad cuyo origen viene de Satanás; cualquiera que sea el engaño, Dios conoce, Dios tiene todo el poder de detenerlo.

Entreguen todas las decisiones de hijos de Dios ante el pecado, al pecado de la idolatría, al pecado que es de volverse uno mismo con el poder de Dios: controlar el poder de Dios, actuar en el lugar de Dios.

Tienen en ustedes su sí y este sí, hijos míos, es un sí de amor alimentado por el sí del Hijo de Dios hecho hombre para salvar este mundo: todo ha sido realizado.

Su sí debe tomar el impulso de la realización, debe ser puesto adelante de ustedes y caminar en la luz, tener confianza que Dios está con ustedes, no tener miedo de los demonios, continuar a avanzar y a pronunciar su sí de liberación, de exorcismo, hijos míos.

Ustedes son, por el sacramento del Bautismo, sacerdotes; ustedes son, por el sacramento del Bautismo, el pueblo elegido; ustedes son, por el sacramento del Bautismo, el reino de Dios.

Avancen en esa luz; cuando ustedes avanzan como hijos de Dios, pasan a través de las tinieblas y las tinieblas no pueden detenerlos.

Ustedes están bajo el poder de Dios porque tal es la Voluntad de Dios, no son ustedes que actúan, es Dios; su sí se vuelve un sí activo por mi Voluntad.

Permanezcan en la confianza que yo soy el Todo de todo lo que existe, de todo lo que ha sido y de todo lo que será; los llevo a descubrir su poder en el sí; esto es para ustedes, hijos míos, curación, liberación.

Sean todo amor, el amor está en ustedes; todo lo que hay en Satanás es el odio, es la destrucción; todo lo que son ustedes es el amor, el amor va a renovar la faz de la tierra, va a hacer de ustedes seres nuevos, seres semejantes a Dios, perfectos en todo.

El movimiento de la purificación, hijos míos, está en ustedes; déjense transformar, ustedes son la Cruz gloriosa.

La Cruz gloriosa, hijos míos, está colocada, ¡ella está allí!

Cuando ustedes están muy atentos en su interior, ustedes sienten los rayos de luz en ustedes; ustedes, hijos míos, ya viven su gloria.

Permanezcan en ese movimiento de la luz: ella los atrae hacia ella, ella les da su fuerza, la Cruz gloriosa es el Cristo.

Ustedes verán muy pronto esa señal tan esperada; Dios los prepara en este momento a mirar la Cruz gloriosa: ustedes son movimiento en el Movimiento.

La tierra debe de aceptar de verse como siendo la creación pura de Dios; ustedes son la sal de la tierra, ustedes son el trigo de la tierra, ustedes son el agua pura de la tierra, ustedes son el aire puro de la tierra, ustedes son todo movimiento de la tierra, ustedes son mis criaturas escogidas para ser personas reales de mi Reino en la tierra.

Comprendan hijos míos, yo quiero que tengan todo manteniéndose muy pequeños, pequeños y pequeños, para tomar la fragilidad del mundo, los hijos de este mundo que ven la riqueza de este mundo, el conocimiento de este mundo y que se enorgullecen.

Tomen con ustedes mi humildad para protegerse contra el orgullo, orgullo que alimenta a los hombres, a las mujeres y a los hijos de este mundo, los que se ven como formando parte de este mundo: mundo de conocimientos, mundo rico en saberes, mundo que se alimenta de su alimento de orgullo; él no se da cuenta que se envenena todos los días, él no se da cuenta que se destruye todos los días, él no se da cuenta que prepara su tumba todos los días; este mundo del orgullo está en su propia pérdida, que ya comenzó su autodestrucción.

Todo lo que es hecho del orgullo del hombre va a desaparecer de la superficie de la tierra; por sus propias investigaciones, él se destruye, él se come en su interior y él vomita sus excrementos, pero en su orgullo se envuelve de su podredumbre; él no ve lo que Dios ve, no oye lo que Dios oye, no puede comprender porque prácticamente ya no tiene sus miembros; no comprende el poder de Dios; no quiere escuchar el llamado de Dios quien le pide de corregirse, de regresar a él.

A causa de esto, este mundo conocerá un fin trágico, porque es una tragedia vivir en su propio sufrimiento, de traer hijos al mundo y alimentarlos de su veneno que él mismo ha hecho.

Los hijos de este mundo son la consecuencia de la elección de este mundo ante Satanás.

El anticristo reina en este mundo; el anticristo es el poder, la dominación; quiere reinar en los hijos de Dios para ser reconocido como siendo el Hijo de Dios, porque dice tener tanto poder como Dios mismo.

Este mundo se deja engañar por ese ser inmundo que es el poder; ustedes verán pronto ese ser inmundo que vino a este mundo por el poder de Satanás; él reinará por un tiempo en este mundo, abiertamente, pero uste­des, los hijos de Dios, reconocerán su marca.

No tendrán miedo de él, porque sus astucias les serán conocidas; hablarán entre ustedes de su ruina; ustedes serán hijos rectos ante Dios, fieles a Dios en sus mandamientos, en sus enseñanzas; su cuerpo conocerá la liberación.

Serán llamados entre ustedes hijos fieles a Dios, hijos de Dios, porque tendrán una marca en ustedes y esa marca estará ligada a la Cruz gloriosa, porque ustedes brillarán, hijos míos.

Tal es la Voluntad de Dios, tal es el amor de Dios.

La tierra son ustedes mismos, ustedes son ese alimento que Dios les ha dado; sin cesar Dios les ha dado su Cuerpo, su Sangre; ustedes se han vuelto alimento el uno para el otro, dándose amor, vuelven a dar amor para no detenerse jamás.

Habrá una reparticón como nunca la han conocido; no sufrirán del orgullo, porque serán hijos humildes, hijos sencillos; esto será el poder de ustedes ante este mundo que se destruirá hasta desaparecer.

Dios nos revela tranquilamente lo que viene; dejen a Dios alimentarlos, no busquen a conocer lo que Dios sabe, permanezcan sencillos, humildes ante la Voluntad de Dios.

Habrá aún más palabras para ustedes; esas palabras les darán más y más pues, hijos de mi Voluntad, ustedes están en el movimiento de la purificación y este movimiento, hijos míos, está en ustedes.

Todo movimiento deberá ser purificado; un cuerpo que está en ustedes es movimiento de Dios, por Dios, con Dios, para conocer la Gloria de Dios.

Todo está en plena reaslización; ustedes han recibido y recibirán; otros serán llamados y se añadirán a ustedes.

La paciencia, hijos míos, está en ustedes; el actuar de Dios les será conocido en el momento en que Dios lo querrá.

Tal es la Voluntad de Dios.

Lo que ustedes acaban de recibir, hijos míos, es para ustedes: tomen y coman, tal es la Voluntad de Dios, esto se hace por el poder del Espíritu Santo.

Todo se ha cumplido.

La Hija del Sí a Jesús en el Espíritu Santo: Lo que hemos oído, es para nosotros, es para nosotros que somos los hijos, como por todos los otros de la tierra.

Si hemos sido elegidos para vivir este momento, es para llevar a los otros lo que tienen necesidad para vivir, con nosotros, en otros momentos.

Es en el cumplimiento de Dios que avanzamos, no en nuestro cumplimiento; nada viene de nosotros y nada vendrá de nosotros.

Todo está en la Divina Voluntad, la Divina Voluntad está en Dios.

Él nos hace hijos de la Divina Voluntad, pero en tanto que existan hijos en la tierra que no sean hijos de la Divina Voluntad con sus sí, nos dejaremos realizar en el presente sin buscar a comprender, sin querer comprender: Dios nos alimenta con su Divina Voluntad.

No es a nosotros de saber, sino de cumplir con el sí; el sí es para nosotros, es un movimiento que nos ha sido conocido por el poder de Dios.

El sí viene de Dios mismo, es la Divina Voluntad; la Divina Voluntad nos ha dado un hágase que ha hecho que la Divina Voluntad venga a nosotros, y Mamá María nos ha llevado en su seno para que la Divina Voluntad esté en nuestra vida en el presente.

Todo se cumple como Dios lo quiere; el tiempo pertenece a Dios, todo es eterno; estamos en un tiempo en la vida eterna y nosotros nos realizamos.

Lo que ya pasó se vuelve el presente en la Divina Voluntad, es eso lo que acabamos de vivir; lo que es el presente se vuelve activo en la Divina Voluntad, es lo que acabamos de vivir; el futuro se vuelve para nosotros presente, es lo que Dios quiere para nosotros.

Nada puede venir de nosotros, pero todo nos es concedido; vivimos estos movimientos como niños que se dejan envolver del amor de Dios, es así que él nos quiere y es así que él quiere que seamos para nuestros hermanos y nuestras hermanas; carne de nuestro carne.

Todos somos Adán y todas somos Eva; somos lo que somos; debemos de vernos como orgullosos de haber sido escogidos, escogidos para darle lo que él espera; él quiere que le demos las consecuencias de nuestras propias decisiones ante nuestros pecados.

Él nos vuelve fuertes en todo esto: esto viene de Dios y no de nosotros; vivimos, sentimos el pecado en nuestro cuerpo, y esto no nos agobia porque estamos con la fuerza de Dios; es Dios que toma todo y es Dios que hace todo por nosotros, he aquí la purificación.

Si estuviéramos en nuestro interior con nuestra voluntad humana activa, seríamos incapaces de vivir el pecado, de sentirlo en nuestro cuerpo para entregarlo a Dios, esto sería imposible, porque sería una puñalada constante en nuestro corazón que se abriría, que se abriría, que se abriría.

Dios es el Poder; sus gracias nos alimentan continuamente para que podamos estar en la purificación.

Estar en al purificación, es estar en el movimiento de Jesús; esto no es nuestro movimiento, es el movimiento de Jesús, del Hijo de Dios enviado para salvarnos; vivimos estos movimientos en él: he aquí nuestra decisión.

Ahora estamos muertos con nuestra alma y nuestro cuerpo; no estamos solamente muertos en nuestra fe, porque cuando Pablo dijo: si estaba conforme a las leyes, no estaría en Jesús, pero como estoy en Jesús vivo en mi fe, vivo en el amor, yo me abandono en este amor, dejo todo el lugar a Jesús, su amor me hace vivir, aprendo a reconocer y a dar, aprendo que soy pecador y me alimento con su Cuerpo, me alimento con su Sangre, vivo mi fe.

Ahora, no puedo decir a cada uno de nosotros que vivimos nuestra fe: estamos muertos en Jesús para estar en la fe completamente.

Nuestra alma y nuestro cuerpo, es el movimiento del amor en su totalidad, y Dios hace vivir el ser que nosotros somos exponiéndolo ante todos los hijos de Dios, sin ver en nosotros un pecado, pero mostrándolo a todos los hijos de la tierra para dar testimonio de la fe en la Misericordia: he aquí nuestro juicio.

Ningún ser humano puede mostrar su pecado ante todos los hijos de la tierra para llevarlos al arrepentimiento, ningún hijo puede hacer eso; aún si él tiene la fe, no puede hacer ese movimiento, porque sólo la fe puede hacerlo: tener la fe y ser la fe, son dos, pero Dios tiene ese poder, él tiene el poder de volvernos a su imagen.

Renunciar a nuestra voluntad humana, renunciar a lo que somos, es ya no ser, es ser Cristo en su totalidad: ser el que perdona, ser el que ofrece, ser el que ama sin condición, el que acepta de llevar la cruz de todos los hijos del mundo entero con amor, sin tener jamás un pesar, sin tener nunca un pensamiento para él mismo, una mirada para él mismo, una escucha para él mismo, un movimiento para él mismo, un sentimiento para él mismo, ser lo que Cristo es en todo.

No hay más que Dios que pueda ser este movimiento, nosotros no somos capaces de serlo, pero Dios es capaz de tomarnos para que lo seamos.

He aquí el movimiento de la purificación: ser un todo entre los todos para formar una sola Iglesia, la Iglesia: Jesús.

La Iglesia será pura en tanto que un todo no haya sido aún reunido en el Todo de todos los todos, pues bien, seremos movimiento de purificación en Jesús, por Jesús, para la gloria más grande.

Él habló de la Cruz gloriosa; la Cruz gloriosa está en el cielo, la Cruz gloriosa está colocada; no hay más que un pequeñito velo que nos impide ver la Cruz glo­riosa, Dios Padre lo levantará.

Esta mañana, él me dijo: “Paciencia” y él dijo: “Mi tiempo es mío, cumple tú.”

No comprendí lo que decía, pero no tenía que comprender; no es a mí a revelar lo que eso quiere decir, es a él porque eso viene de él.

Entonces, no me doy ese derecho de pensar, aún que eso podría ser esto o podría ser aquello, le dejo todo el lugar a Dios; tal es la Voluntad de Dios y es eso lo que nos pide en todas las cosas.

Todo lo que nos es revelado pertenece a Dios, no nos pertenece; debemos cumplir en cada instante en el pre­sente en la Voluntad de Dios, la Divina Voluntad, y no en nuestra voluntad: todo pertenece a Dios, absolutamente todo.

Dios hace de nosotros hijos que van a dejar todo el lugar a Dios; él se servirá de nosotros cuando lo quiera para curar, para liberar, en el momento que Dios lo quiera.

Habrán palabras que saldrán de nosotros y estas palabras actuarán, pero estas palabras no nos pertenecen, pertenecen a Dios, porque sólo Dios tiene el poder de curar, sólo Dios tiene el poder de liberar, nosotros no tenemos ese poder; pero más curaciones recibimos, más liberaciones tendremos, y más nos volvemos instrumentos de amor entre sus manos.

Alrededor de nosotros los hijos sufren: ellos serán curados, serán liberados por Dios; él utilizará lo que somos al momento en que él lo quiera y nosotros tendremos la paciencia de esperar, porque ésta es la Voluntad de Dios.

Hemos recibido esta gracia hace poco, también hemos recibido otras gracias; todo esto actúa en nuestro inte­rior sin que nosotros pomgamos nuestra voluntad humana, esto no nos corresponde.

Lo que acabmos de recibir, estos dones pertenecen al poder del Espíritu Santo, no nos pertenecen; él los utilizará a través de nosotros en el momento en que él lo quiera, de la manera que él lo quiera; todo se hará en la sencillez, en la humildad.

Todo se ha cumplido.

Una palabra que ustedes oirán se volverá para ustedes un movimiento de realización.

No tenemos que saber si eso se realiza o si no se realiza, porque si eso no se realiza, es porque nos ha faltado la fe, porque eso estará realizado, pero como hemos dudado, viviremos la consecuencia y viviremos en nuestra ignorancia, pero Dios pasará.

Es a Dios de darnos de nuevo nuestro origen de hijos de Dios, porque todos hemos sido llamados a vivir en la Divina Voluntad con el poder de la Divina Voluntad en la tierra.

Cada uno de nosotros, debemos de aprender a estar totalmente entre las manos de la Divina Voluntad para que la Iglesia esté en su belleza, en su continua admiración, porque nosotros estaremos en la admiración continua de lo que somos para los otros y de lo que son los otros para nosotros.

Tal es la Voluntad de Dios; alegrémonos de escuchar lo que Dios quiere de nosotros.

Ustedes escucharán otras palabras que vendrán de la voluntad humana; no se dejen herir por esas palabras, la voluntad humana se hiere por ella misma.

Recuerden las palabras que él nos ha dicho hace poco: “Este mundo se alimenta de sus desechos, él vomita sus desechos y se viste con ellos: es el orgullo.”

La voluntad humana es orgullosa, la voluntad humana dice palabras que se voltean contra ella misma; ella destruye al ser que la escucha, y el ser que la escucha se vuelve orgulloso de eso y se viste con lo que tiene como resultado de sus palabras y eso lo vuelve enfermo, lo vuelve impedido, lo vuelve enfermo, eso lo destruye hasta conocer su muerte.

No nos dejemos abatir por la voluntad humana, pero entreguemos a Dios el hijo de Dios que está tomado con su voluntad humana: él vive sus consecuencias; sus consecuencias forman parte de nosotros mismos, está en nuestro cuerpo, porque somos carne de la carne, debemos de entregar eso a Dios, entregar las decisiones.

Es la voluntad humana quien elige; ella es orgullosa de sus propios conocimientos y, a causa de eso, ella no deja de escuchar al que la engaña: Satanás.

Él nos ha hablado del anticristo; sabemos que la Nueva Era, los dioses, todo lo que turna alrededor de todas esas supercherías, es el anticristo.

Él se dará a conocer y nosotros, que sabemos, le reconoceremos cuando se presentará, porque habremos visto sus hijos, esos hijos que son su obra.

Más seremos sencillos, humildes, más reconoceremos esos hijos que se han dejado tomar y que se dejan alimentar con ese veneno; reconoceremos también a través del sufrimiento los hijos de Dios y nosotros iremos a buscarlos.

Dios nos envía para ir a buscar sus ovejas, él reúne su rebaño en todas partes; nosotros que estamos aquí, ¿creen ustedes que Dios no tiene el poder de servirse de nosotros mismos para ir a buscar a un hijo que está en Etiopía, en Japón o en Túnez? Él tiene ese poder.

 

Tenemos un sí que nos pertenece, hemos aprendido a entregarlo, entonces, él se sirve de eso; tal es el poder de Dios, tal es el amor de Dios.

Vivimos el movimiento más grande de la Misericordia de Dios; él nos sumerge en él: nos sumergimos en Jesús y avanzamos.

Conocemos muy poco su poder y sin embargo él se sirve de la pequeña nada que somos y actúa con su ternura, su amor; él hace de nosotros hijos de la luz y la luz no puede ser puesta debajo del celemín, la luz no puede ser escondida.

Dios pone a sus hijos para que puedan brillar y cuando brillan eso envuelve a la tierra entera; es la Voluntad de Dios y nosotros somos hijos de la Luz.

Cada día se vuelve para nosotros movimientos de amor para el cuerpo que llevamos y nosotros estamos en el sí: ¡en la Divina Voluntad!

Nuestro pequeño sí prueba a la Divina Voluntad y nos dejamos alimentar; aceptamos de estar allí en donde estamos, sobre nuestras dos piernas o sentados, no pudiendo actuar como los otros, pero ¡cuánto Dios es activo y poderoso! Él no ve si sus hijos son de tal o cual manera, él los utiliza: tal es su poder.

El más pequeño de nosotros se vuelve entre las manos de Dios una gracia tal para todos los hijos del mundo, ¡para todos los hijos del mundo!

Recordemos a Teresa del Niño Jesús; ella dijo que nunca salió de su convento y sin embargo ella se volvió doctora de la ley.

Pues bien, si Dios ha hecho de una pequeña hija doctora de la ley, nosotros, hijos de la Divina Voluntad, por muy pequeños que seamos, él utiliza nuestro sí y él obtiene un tal poder que ninguno de nosotros no nos podemos imaginar lo que pasa al interior de la Iglesia.

El interior de la Iglesia no tiene edad, ella es; comprendamos lo que acabamos de oír: hijos de la Divina Voluntad, en el pasado, en el presente y en el futuro, tal es la Voluntad de Dios.

Se dan cuenta ustedes, él se sirve de nosotros para la eternidad.

Permanezcamos en la gracia para darla a Dios por todo lo que hemos oído.

Vamos a dejarle un lugar especial a Lina, Lina que nos ha abierto su corazón de hija, un corazón listo a dejar hablar su corazón para aportarnos luces.

Gracias, Señor.

 

♪♪♪ :                Portemos la luz, la vida brotará,

                       Portemos la luz, la esperanza renacerá.

 

1. Oh Señor, ilumina nuestra tierra,

    Tú la has querido hogar de tu amor.

    Cuando el odio impide la ternura,

    ¡Haznos testigos de tu luz! (ref.)

 

2. Oh Señor, ilumina nuestra tierra,

    Tú la has querido casa para tus hijos.

    Cuando los corazones rechazan el compartir,

    ¡Haznos testigos de tu luz! (ref.)

 

3. Oh Señor, ilumina nuestra tierra,

    Tú la has querido maravilla de la unidad.

    Cuando el mal divide a tu familia,

    ¡Haznos testigos de tu luz! (ref.)

 

4. Oh Señor, ilumina nuestra tierra,

    Tú la has querido camino de la verdad.

    Cuando el error nos oculta tu mensaje,

    ¡Haznos testigos de tu luz! (ref.)

 

5. Oh Señor, ilumina nuestra tierra,

    Tu la has querido morada de Jesús.

    Cuando el orgullo rechaza su presencia,

    ¡Haznos testigos de tu luz! (ref.)